El 112 insiste en la importancia de la seguridad y la autoprotección, también en verano

El Centro Integrado de Atención a las Emergencias-112 Galicia insiste en la importancia de la seguridad y la autoprotección, esenciales en la temporada veraniega. Las temperaturas elevadas, las actividades de ocio en zonas de ríos y playas, así como la celebración de eventos con afluencia masiva de público centran las principales recomendaciones para evitar riesgos en la época estival.

Cuando los termómetros se mantienen al alza durante varias jornadas consecutivas, las altas temperaturas dejen de ser algo puntual para convertirse en una ola de calor que puede tener especial incidencia sobre la salud de las personas. Menores, mayores y enfermos crónicos son colectivos altamente vulnerables ante el calor extremo, sobre los que debemos mantener una vigilancia activa. Debemos ofrecerles agua con frecuencia, promover el consumo de comidas ligeras y procurarles lugares ventilados y frescos en las horas de mayor intensidad del calor

Pocos otros alimentos y líquidos ayudan a hidratar el cuerpo con tantas garantías como el agua, las frutas y las verduras de temporada para aportar agua y sales minerales. La ingesta abusiva de alcohol, de cafeína y de bebidas excesivamente azucaradas está completamente contraindicada en episodios de calor extremo. También la exposición directa al sol en las horas centrales del día, que abarcan de las 12 y las 18 horas. Deben consumirse líquidos de manera regular a lo largo del día aunque no sienta sed.

Una buena manera de mantener los espacios frescos y ventilados es aprovechar la mañana y la madrugada para abrir las ventanas y cerrarlas con las contras o persianas echadas en las horas de mayor calor. Conviene moderar el aire acondicionado y ajustar el termostato de climatización solo entre 2 y 4 grados por debajo de la temperatura ambiental para mitigar los resfriados por cambios bruscos.

El ejercicio físico intenso es otra práctica que debemos evitar en períodos de temperaturas extremas o, al menos, reservar para los momentos del día en los que el calor dé una tregua.

Estas medidas debemos acompañarlas del uso de ropa ligera y de colores claros, y de la aplicación reiterada de cremas protectoras de la radiación solar cuando nos encontremos en espacios al aire libre. Es necesario tener en cuenta que la protección solar no debe emplearse solo durante la exposición directa al sol, sino también cuando permanecemos durante períodos prolongados en lugares abiertos.

En las piscinas

Las temperaturas más elevadas de lo habitual también conllevan un incremento de las actividades de ocio ligadas al agua pues piscinas particulares, ríos, playas y otros espacios de baño se convierten en refugio ante el calor intenso. Estos escenarios implican riesgos que a menudo pasan desapercibidos, en especial cuando se improvisa o se desconocen las condiciones del lugar. Informarse previamente, escoger espacios seguros y evitar decisiones impulsivas son pequeños gestos que pueden prevenir situaciones críticas.

Los niños, principales protagonistas del juego en el agua, son también los más expuestos. Las piscinas particulares concentran una parte importante de los accidentes en la infancia, ya que la supervisión tiende a relajarse. Por ello, más allá de vallar el perímetro, emplear cubiertas homologadas e instalar cierres de seguridad, resulta esencial mantener una vigilancia continua y retirar los juguetes del agua cuando no se están usando.

Pero los adultos tampoco deben confiarse pues muchos de los incidentes tienen su origen en subestimar el medio acuático. Con el cuerpo caliente tras una exposición prolongada al sol, una entrada brusca en el agua puede desencadenar un choque térmico, que provoca una respuesta fisiológica extrema y la pérdida del conocimiento.

Ríos y playas

En los ríos, la baja temperatura del agua hace recomendable meternos poco a poco, mientras que las corrientes ocultas y charcos profundos añaden un riesgo difícil de detectar a simple vista. En el mar, las corrientes de resaca y el estado cambiante del oleaje pueden sorprender incluso a personas con experiencia, especialmente si se alejan más de lo recomendable o no prestan atención a las banderas y a las indicaciones de los socorristas. En esos casos, bañarse siempre en zonas autorizadas puede marcar la diferencia. Y, si somos incapaces de salir, luchar contra una corriente de resaca resulta inútil: es conveniente reservar fuerzas y nadar en paralelo a la costa hasta que encontremos una zona de escape en la que podamos retornar adecuadamente.

Un exceso de confianza también puede llevar a conductas imprudentes. Los saltos desde zonas altas sin comprobar la profundidad o la presencia de obstáculos bajo el agua continúan siendo causa de accidentes graves. Por otro lado, el uso de flotadores o colchones hinchables puede generar una falsa sensación de seguridad, especialmente en días de viento, en los que es fácil alejarse de la orilla sin enterarse.

Fuera de las playas vigiladas y de las piscinas comunitarias, la búsqueda de espacios más tranquilos para combatir el calor lleva a muchas personas a zonas aisladas que carecen de control y asistencia. Embalses, charcos o canales presentan un factor engañoso: aguas aparentemente calmadas que esconden cambios bruscos de profundidad, fondos enfangados o superficies resbaladizas. El riesgo se agrava por la ubicación de estos espacios, a menudo lejanos y de difícil acceso. Aquí, bañarse en compañía, avisar de la localización o llevar un móvil con batería puede ser tan importante como saber nadar.

La falta de cobertura o el difícil acceso complican una respuesta rápida de los servicios de emergencia, por lo que conocer como actuar en los primeros minutos — e incluso tener nociones básicas de primeros auxilios— puede resultar decisivo. En un contexto así, cada segundo cuenta, y la diferencia suelen marcarla la prevención y la conciencia de peligro.

Eventos con afluencia masiva de público

Los festivales de música se llevan a cabo también en espacios abiertos y, por lo tanto, las medidas protectoras frente a las altas temperaturas resultan tan necesarias como las precauciones derivadas de los eventos de afluencia masiva de público.

Así, debemos tener bien identificadas las salidas de emergencia,
además de hidratarnos bien y de utilizar cremas solares, gorras y gafas de sol.

Las organizaciones de este tipo de eventos suelen establecer medidas de seguridad que reducen al máximo las probabilidades de que se produzca una situación crítica, pero nunca está de más que el público contribuya con una actitud responsable y consciente.

En caso de evacuación

Por eso, aunque las posibilidades de tener que realizar una evacuación son pocas, debemos saber que existe una regla fundamental cuando nos vemos en la obligación de abandonar un recinto de forma inesperada: no volver nunca atrás.

Ninguna pertenencia será tan valiosa como la propia vida, por lo que, durante una evacuación, hace falta avanzar por los lugares indicados por los agentes de seguridad sin correr ni tampoco demorarse.

Establecer contacto permanente con el grupo y un punto de encuentro e incluso determinar un punto de encuentro puede ayudar a comprobar el buen estado de todos los integrantes y dar la voz de alarma en caso de ausencias injustificadas.

Es recomendable también llevar el teléfono móvil con la batería completamente cargada y extremar la vigilancia de los menores. Una pulsera identificativa con el nombre del niño y un teléfono de contacto puede resultar de gran ayuda en caso de extravío.
 

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