Carlos J. García
Hoy es una de esas veces en que me cuesta mucho esfuerzo ponerme delante del ordenador y convertir en texto los pensamientos. Seguro que les habrá pasado a Vds. lo que a mi hoy: sé lo que quiero decir y lo que siento, pero no encuentro las palabras (llevo varios días buscándolas) que lo expresen: es como si hubiese llegado al final del mundo de las letras y ya no hubiese más.
Síntome así lembrando a o meu benquerido Antón, Antón Martínez Aneiros, que fai uns días chamouno o Noso Pai, e xa está xunto a Él. Un Padre a quien siempre quiso y defendió y que estoy seguro de que ya está discutiendo intensamente con Él sobre lo humano.
Son muchos los recuerdos de charlas, debates y aventuras compartidas que se me acumulan en la memoria. A ambos nos gustaba hablar y filosofar sobre lo divino y lo humano. Preguntarnos cosas como ¿Por qué ser creyentes? ¿Existe Dios? ¿Por qué lo llamamos nuestro Padre y no nuestra Madre? ¿por qué no cuidamos a los más desfavorecidos? ¿Actúa la Iglesia conforme a la doctrina?
Se pueden imaginar nuestros debates. Hablábamos mucho, pero también sabíamos escucharnos y aceptar nuestras discrepancias, que las teníamos.
Conversaciones sobre la Iglesia divina y humana, concluyendo siempre que otra Iglesia era (y es) posible; e que tiñamos que traballalo e actuar.
A Antón lo conocí mucho antes que él a mí. Allá por los convulsos finales de los 60, cuando él era Párroco de las “Viviendas Sindicales“. Fue la primera vez que oí hablar de él, me llamó la atención lo que hacía y comencé a seguir sus venturas y desventuras en aquellos años tan convulsos; pero no fue hasta finales del siglo pasado en que nos conocimos formalmente. Fue precisamente en un programa de debate que en la TV local dirigía y moderaba el Director de este periódico digital, Pedro Sanz. Pero de manera más personal, ocurrió cuando dejé de ser voluntario en Cáritas- La verdad es que yo estaba pasando por un laberinto de dudas, seguramente afectado por las vivencias de aquellos 5 años en Cáritas Diocesana. Me llamó y nos fuimos a tomar un café. A ambos nos gustaba hablar y como no, de la Iglesia Divina y Humana. De la pobreza, no solo material, también (y mucho) de espíritu. En tales andanzas fue fortaleciéndose nuestra amistad. Le acompañe en distintos actos de asociaciones y grupos de creyentes. Siempre escuchaba a los diferentes grupos y Antón sentía la necesidad de actuar y transmitir las conclusiones de lo que creíamos y debatíamos (y en mi aún está esa necesidad) a los demás.
Pensábamos que era necesario abrir el círculo de aquella, casi inadvertida Iglesia con pinta de clandestinidad, que estaba presente en el movimiento “Somos Iglesia”, en “La Romaxe” y otros grupos de cristianos críticos.
Pensábamos que todo aquel pensamiento necesitaba un impulso fuerte para que no quedase en una corriente filosófica cristiana de cuatro locos.
En tal coyuntura, que diría alguien, decidimos dar un paso y a Antón se le ocurrió que deberíamos ser capaces de escribir sobre lo que pensábamos en un periódico. ¡Vaya lio!, pensé, sí yo no sé escribir (ahora tampoco) y allá
fuimos a hablar con German Castro que era el Director de “Diario de Ferrol”. Man nos acogió muy generosamente, a pesar de algunas “presiones” posteriores. En ese momento nos volvimos cronistas críticos tratando de aportar herramientas para reflexionar sobre sí era posible otra Iglesia. Así nació la aventura de “Entre Todos”. Acordamos que él escribiría desde una perspectiva Teológica y un servidor desde la social. Lo hicimos. Antón hasta el año 2019 (creo recordar) que lo dejó por motivos de salud y yo seguí hasta el 2022, para atender la visita de un cáncer. No sé si sirvió para algo, pero lo intentamos y le estoy enormemente agradecido.
Moitas grazas, Antón. A moitos de nos regaláchenos razóns pra una nova esperanza. Que é a realidade na que ti estás agora. Moitas gracias, Antón.
Sempre con nos.
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