José Carlos Enríquez Díaz
Se cumplen tres años desde que los vecinos de Ferrol decidieron abrir una nueva etapa política en el Ayuntamiento, confiando el rumbo de la ciudad a José Manuel Rey Varela. Tres años en los que el actual Gobierno municipal ha intentado demostrar que otra forma de gobernar es posible: una política basada en la cercanía, en la escucha activa y, sobre todo, en el cumplimiento de la palabra dada.
Frente a la sensación de abandono que muchos ciudadanos percibían en el pasado, hoy Ferrol presenta una administración más accesible, más presente en la calle y más ágil en la respuesta a los problemas cotidianos. Gobernar no es solo diseñar grandes proyectos; es también atender lo inmediato, lo que afecta directamente a la vida diaria de los vecinos. Y ahí es donde, en gran medida, se ha marcado la diferencia.
Uno de los ejemplos más claros de esta filosofía es la gestión de la movilidad urbana. La decisión de devolver la velocidad en la carretera de Catabois de 30 a 50 km/h no fue una medida arbitraria, sino una respuesta a una demanda reiterada de vecinos y comerciantes. Lejos de quedarse en promesas, el Ejecutivo local actuó con determinación, aplicando una solución que buscaba mejorar la fluidez del tráfico en una de las principales arterias de la ciudad.
Pero más allá de las decisiones estratégicas, lo que realmente define estos tres años es la política de lo concreto. La atención directa al ciudadano ha dejado de ser un eslogan para convertirse en una práctica habitual. No es extraño encontrar a concejales recorriendo barrios, escuchando quejas y tomando nota de incidencias.
Esa cercanía se traduce en resultados visibles. Situaciones de deterioro o suciedad que antes podían prolongarse durante semanas han pasado a resolverse en cuestión de días. El saneamiento del atrio de San Francisco, que presentaba un estado lamentable, o la rápida intervención en la calle Atocha, en el barrio de Canido, a la altura de la conocida casa del Patín, donde en apenas dos días se actuó para limpiar y adecentar el entorno, son ejemplos de una forma de gestionar basada en la inmediatez y la eficacia. No se trata de grandes titulares, sino de pequeñas acciones que mejoran la vida de la gente.
Este modelo contrasta de forma evidente con el mandato anterior encabezado por Ángel Mato. La pérdida de confianza que sufrió su gobierno en las urnas no fue fruto del azar, sino de una desconexión progresiva con la ciudadanía. Lo más preocupante no fue únicamente la falta de resultados, sino la ausencia de autocrítica tras la derrota.
Resulta difícil de aceptar que se llegase a insinuar que los ciudadanos no supieron valorar la gestión realizada. La democracia funciona precisamente al revés: son los gobernantes quienes deben responder ante los ciudadanos, no al contrario. Cuando una mayoría percibe abandono o falta de atención, la responsabilidad no puede recaer en quienes votan, sino en quienes gobiernan.
El contraste con otros municipios cercanos es revelador. En localidades como Pontedeume, Neda o Valdoviño, el Partido Socialista logró mantener la confianza de sus vecinos. ¿Por qué? Porque allí sí supieron interpretar las necesidades reales de la población y actuar en consecuencia. En política, los resultados rara vez son casuales.
Durante estos últimos tres años, la oposición socialista en Ferrol ha tenido un papel prácticamente irrelevante. Lejos de ejercer una labor constructiva, su presencia ha sido escasa tanto en la calle como en el debate público. La falta de iniciativa y de propuestas ha contribuido a una sensación de ausencia que muchos ciudadanos han percibido con claridad.
Sin embargo, el calendario electoral empieza a marcar los tiempos. A medida que se acerca el final del mandato y con las próximas elecciones municipales en el horizonte, el PSOE local parece haber despertado. Pero lo hace, en gran medida, recurriendo a una estrategia ya conocida: la crítica constante, el ruido mediático y la confrontación.
El problema no es la crítica en sí misma, que es necesaria en democracia, sino su falta de contenido. Criticar sin proponer, cuestionar sin ofrecer alternativas, puede generar titulares, pero difícilmente contribuye a mejorar la ciudad. Más aún cuando proviene de quienes tuvieron la oportunidad de gobernar y no supieron responder a las expectativas.
Los ferrolanos no son ajenos a esta realidad. La memoria colectiva pesa, y los ciudadanos saben distinguir entre el compromiso real y el oportunismo electoral. El repentino interés por los problemas de la ciudad, tras años de inactividad, resulta difícil de interpretar como algo más que una estrategia de cara a las urnas.
Esto no significa que la gestión actual sea perfecta. Ningún gobierno lo es, y Ferrol sigue teniendo retos importantes por delante. Pero existe una diferencia fundamental: hoy hay un rumbo definido, un equipo que da la cara y una voluntad clara de resolver problemas.
En definitiva, estos tres años han servido para demostrar que otra forma de gobernar es posible. Una política menos centrada en la confrontación y más en los hechos. Frente a la parálisis del pasado y el ruido del presente, el Ferrol de hoy avanza con pasos firmes, apoyado en la cercanía, la gestión diaria y el compromiso con sus vecinos.
El tiempo, y sobre todo los ciudadanos, serán quienes juzguen el resultado final. Pero a día de hoy, el balance muestra que cuando se escucha, se actúa y se cumple, la política recupera su sentido más básico: servir a la gente.
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