Subir al Everest se ha vuelto tan vulgar como ir a Primark–(Pedro Sande García)

Pedro Sande García

Según el diccionario de la RAE una de las acepciones del término «vulgar» (al que hace referencia el título de este artículo) es «común o general, corriente». Con estas primeras palabras pretendo dejar constancia de cual es la acepción de «vulgar» que quiero asignarle a las dos actividades citadas.

Mi primera experiencia en una tienda de Primark fue la visita que realice al inmenso local que hay en la Gran Vía madrileña y que coincide con el primer comercio que la cadena de ropa irlandesa abrió en España. Me acerqué a los pocos meses de su apertura, ya que en las primeras semanas de su inauguración miles de personas hacían una cola que se extendía varios cientos de metros por la Gran Vía. Tenía una enorme curiosidad por conocer qué era lo que despertaba tanta atracción; ni el día de mi primera incursión ni en puntuales visitas posteriores conseguí desvelar el motivo de semejante fascinación. Sobre la subida al Everest no les puedo hablar, ni de la primera ni de posteriores escaladas. En este caso, la curiosidad no ha sido suficiente para acercarme a la cumbre Nepalí. Es una actividad que no me atrae lo más mínimo, y mucho menos si tengo que hacer una cola como las de Euro Disney después de haber pagado una considerable cantidad de dinero.

El origen de esta crónica surgió cuando vi una foto en un diario digital que despertó mi interés. Cientos de personas, 274 para ser exactos, formaban una fila como las de Primark, solo que esta vez en vez, en lugar de pisar el gris de la Gran Vía, pisaban el blanco brillante de la nieve. Su caminar era pausado; parecía que se movían a cámara lenta, y su objetivo era coronar el Everest.

Ver la foto fija me asombró, pero las imágenes vistas con posterioridad en la televisión, impresionantes, me hicieron pensar si habrían abierto un Primark en la cumbre nepalí. Al fin y al cabo, en ambos casos son seres humanos a la conquista de la gloria, o tocar el cielo o conseguir una camiseta por 3€. Gloria que se ha convertido en la vulgaridad de lo común, lo general y lo corriente.

Me puedo imaginar una conversación en el trabajo a la vuelta de las vacaciones.

̶ Hola, Isabel. ¿Qué tal las vacaciones? Te veo muy morena.
̶ Han sido geniales. Seguí tu recomendación y estuve en el Everest. Fue una experiencia increíble. Éramos un grupo de 240 personas y tuvimos muy buena conexión entre todos. La organización fue perfecta y la llegada a la cumbre fue súper emocionante y reconfortante. Ahora, con el pack de bienvenida, en la cima te reciben con un chocolate con churros bien caliente.
̶ Anda, que idea más buena. ¿Habrás puesto la bandera de tu pueblo en la cumbre?
̶ Ya no dejan hacerlo. Han tenido que quitar todas las banderas, ya que el excesivo peso estaba afectando al hielo del entorno. ¿Y tú, Benito? ¿Dónde has estado? También te veo muy moreno.
̶ Estuve en Madrid. Quería probar la experiencia de ir a Primark en hora punta y en plena canícula de agosto. Fue excitante. La cola casi llegaba a la plaza de España y tuvimos una hora de espera para poder entrar. Toda la gente que había era muy maja y solidaria; no paramos de darnos crema de protección solar unos a otros. La verdad que sería buena idea que también tuvieran un pack de bienvenida. Lo que ocurre es que, en este caso, debería ser un vaso de gazpacho. Valió la pena: me compré tres camisetas de muy buen algodón por diez euros. Un día tenemos que quedar para tomar algo e intercambiar fotos.

Como verán, ya no hace falta llamarse Edmund, Tenzing o Nirmal para subir al Everest. Ahora, con llamarse Isabel, Benito, Pepe o María ya se puede subir a la montaña más alta del mundo, como quien va al Primark de la Gran Vía Madrileña en cualquier puente festivo.

Algunos dirán que es la democratización del alpinismo o de las compras en Primark. La verdad que no tengo ni idea de qué demonios tiene que ver la democracia con todo esto.

Quién nos iba a decir hace unos años que miles de personas iban a subir anualmente al Everest casi con la misma facilidad con la que se compra una camiseta de algodón en una macro tienda de la Gran Vía Madrileña. Macro tienda que tiene una curiosa relación con Inditex, el mayor grupo textil del mundo. El propietario del edificio que
alberga el Primark de la Gran Vía es el mayor accionista de la cadena textil gallega, competidora del grupo irlandés.

Me despido de ustedes y les recuerdo que si este año tienen planeado pasar sus vacaciones en el Everest, vayan haciendo la reserva; aún podrían encontrar alguna oferta.
No se olviden de que tanto subir al Everest como la conquista de Primark requieren una preparación física y psíquica previa. Y, por favor, en ambos casos lleven una buena crema de protección solar. Sigan los consejos de la ciencia, no de los vulgares charlatanes; en este caso, «vulgar» con la acepción de chabacano, grosero y tosco.

Cualquiera de las dos elecciones les llevará a la gloria final: en un caso, en forma de camiseta; y en el otro, de chocolate con churros.

Cuídense mucho.

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