Enrique Barrera Beitia
El título es provocador, pero tiene una lógica que explico en este artículo.
En Cuenta atrás para Ucrania, publicado hace un año, dije que Rusia ganaría la guerra en enero de 2026.
Entendía por ello lograr tres objetivos: alcanzar la orilla izquierda del Dniéper, rendir por bloqueo las ciudades de Sloviansk,Kramatorsk y Konstantínovka, y destruir la reserva estratégica ucraniana para impedir su reconstrucción. Sin embargo, el masivo uso de drones ha retrasado esta previsión para finales del presente verano, ya que Ucrania ya no es capaz de mantener las rotaciones de personal militar.
Por otro lado, la guerra podría continuar en una segunda fase si escala e involucra a la OTAN, tal y como desean los países bálticos, que están permitiendo que desde su territorio los ucranianos lancen sus drones contra las ciudades rusas. En esta segunda fase, Rusia cancelaría la Operación Especial y declararía oficialmente la guerra. Esto implicaría una movilización total, tanto humana como económica, a costa de un aumento de las tensiones internas, y los objetivos territoriales irían más allá del Donbás.
¿Por qué creo que esto puede pasar? Por el contenido alarmante del discurso de Putin el Día de la Victoria, en el que preparó psicológicamente a la población para una guerra prolongada, no contra Ucrania, sino contra la OTAN; lo que tiene sentido porque, de hecho, ya lo es indirectamente.
Por qué necesitamos a Putin
Rusia es un sistema híbrido con una autocracia electoral y el verdadero poder no radica en su parlamento, sino en el Consejo de Seguridad, de la misma manera que en la antigua URSS el Politburó tutelaba al Soviet Supremo. Este consejo está formado por treinta miembros, además de Putin, que actúa como árbitro entre los tres grupos principales, de manera que su desaparición podría desembocar en un liderazgo más agresivo procedente de aquellos que defendieron que había que haber declarado oficialmente la guerra desde el primer día. Esta es la composición de cada una de estas facciones.
Los radicales o halcones (12 miembros). Nikolái Pátrushev, Dmitri Medvédev, Artyom Zhoga, Alexánder Bórtnikov, Yuri Trutnev, Serguéi Naryshkin, Vladímir Kolokóltsev, Viktor Zolotov, Yuri Chaika, Valery Gerásimov y Rashid Nurgaliev.
Los moderados, con un perfil mayoritario pragmático y tecnócrata (9 miembros). Anton Siluanov, Igor Rudenya, Serguéi Lavrov, Igor Komarov, Denis Manturov. Mijaíl Mishustin, Sergey Sobyanin, Alexander Gutsán y Veronica Skvortsova.
Los tecnócratas no adscritos a ninguno de los dos anteriores grupos, y de perfil prágmático (9 miembros). Serguéi Shoigú, Andréi Belúsov, Antón Vaino, Alexey Dyumin, Alexander Kurenkov, Alexander Beglov, Konstantin Chuychenko, Alexander Linetz y Gennady Krasnikov.
Así que ya ven ustedes lo que puede ocurrir.
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