El PSOE de Ferrol: regresos, luchas internas y un pasado que pesa demasiado-(José C. Enríquez Díaz)

José Carlos Enríquez Díaz

La irrupción de Eva Martínez Montero en las primarias del PSOE de Ferrol no es un hecho aislado ni una simple renovación interna. Es, en realidad, la confirmación de un modelo político agotado, marcado por regresos oportunistas, falta de autocrítica y una lucha constante por el control del partido.

Pero para entender lo que ocurre hoy, hay que mirar atrás. Y ahí aparece inevitablemente la figura de Ángel Mato, exalcalde de Ferrol y referente reciente del socialismo local. Su etapa al frente del gobierno municipal no dejó precisamente un legado sólido. Al contrario, muchos ciudadanos la recuerdan como una etapa de inacción, desconexión y falta de liderazgo claro.

No se trata solo de una derrota electoral —que ya de por sí fue significativa—, sino de lo que esa derrota reflejaba: una gestión que no logró generar confianza ni proyecto de ciudad. Ferrol no avanzó como debía, y la sensación generalizada fue la de un gobierno más reactivo que propositivo.

A ello se sumaron decisiones y situaciones que alimentaron esa percepción. Un ayuntamiento percibido como distante, poco abierto a la ciudadanía, con problemas cotidianos que se fueron acumulando sin una respuesta eficaz: calles deterioradas, mantenimiento urbano insuficiente y una sensación de abandono en el día a día que terminó por erosionar la confianza vecinal.

En los meses previos a aquellas elecciones municipales, esa desconexión se hizo todavía más evidente. En distintos encuentros y mítines, no era extraño percibir entre parte del propio público una cierta distancia con el mensaje oficial, e incluso la sensación de que muchas respuestas llegaban tarde respecto a demandas que se venían repitiendo durante toda la legislatura. Esa imagen de gobierno que aparece con intensidad en campaña, pero con menor presencia en el día a día, acabó calando en parte del electorado.

Ese es el contexto del que parte el actual PSOE de Ferrol. Y lejos de asumirlo con claridad, lo que se observa es una tendencia a evitar la autocrítica. Ni Mato ha hecho una revisión profunda de su etapa, ni su entorno parece dispuesto a hacerlo. Y eso pesa.

En paralelo, emerge ahora la candidatura de Eva Martínez. Una figura que formó parte directa de ese gobierno y que, en un momento determinado, decidió marcharse a Madrid. Un movimiento que dejó claro dónde estaban sus prioridades en ese momento, aunque ahora se presente como un regreso motivado por el compromiso con la ciudad.

La propia candidata asegura que no pretende “hacer daño al partido”. Sin embargo, esa afirmación choca frontalmente con la historia reciente del socialismo ferrolano. Las luchas internas han sido una constante, con enfrentamientos y divisiones que han debilitado cualquier intento de construir un proyecto sólido.

No es casualidad. Cuando la política se centra más en quién lidera que en qué se propone, el resultado es la fragmentación. Y esa fragmentación tiene consecuencias: pérdida de credibilidad, desconexión con la ciudadanía y, finalmente, derrotas electorales.

Como bien dice el Evangelio, una casa dividida no puede sostenerse. Y eso es exactamente lo que muchos ven hoy en el PSOE de Ferrol: un partido más preocupado por reorganizarse internamente que por ofrecer soluciones reales a la ciudad.

A todo ello se suma un elemento que no pasa desapercibido: el momento elegido para este regreso. En un contexto nacional donde las perspectivas políticas no son especialmente favorables en ciertos ámbitos, la política local aparece para algunos como un espacio más accesible, más controlable y más seguro.

Esto abre un debate incómodo, pero necesario. Porque cada vez son más los ciudadanos que perciben que, en algunos casos, la política se convierte en una forma de continuidad profesional más que en una vocación de servicio público.

Y si hay un ámbito donde esa falta de gestión fue especialmente visible, ese es el tráfico y el mantenimiento urbano. Decisiones que se eternizaron en el tiempo, actuaciones que llegaban tarde y problemas que se normalizaron durante demasiado tiempo.

En Catabois, por ejemplo, la regulación de la velocidad terminó convirtiéndose en casi una metáfora del ritmo administrativo: de los 50 habituales a los 30 “con calma institucional”, como si la ciudad tuviera que adaptarse a la lentitud del propio expediente. Mientras tanto, la sensación ciudadana era la de una gestión más preocupada por la burocracia que por la agilidad.

En Canido, la situación fue aún más evidente. En una calle sin aceras, con dos centros escolares y tránsito constante de familias, la adopción de medidas básicas de seguridad se demoró alrededor de un año, pese a las reiteradas demandas vecinales. Una espera difícil de explicar cuándo lo que estaba en juego era la seguridad diaria de los peatones.

Ese es el bagaje. Esa es la gestión. Y ahora, quienes formaron parte de ella pretenden presentarse como alternativa.

Frente a este panorama, el contraste con el actual gobierno local es evidente. El equipo liderado por José Manuel Rey Varela y su equipo ha consolidado una línea de trabajo basada en la estabilidad, la gestión constante y la recuperación progresiva de la ciudad, algo que los vecinos perciben en el día a día más allá del ruido político.

Esa es la diferencia que se observa hoy en Ferrol: frente a la incertidumbre y los movimientos internos del PSOE, un gobierno centrado en gestionar y avanzar con una hoja de ruta clara.

En definitiva, lo que está ocurriendo en el PSOE de Ferrol no es una renovación, sino una recomposición interna marcada por viejas dinámicas. Regresos calculados, ausencia de autocrítica y una lucha constante por el poder.

Y si algo resume esta etapa es la sensación de que el problema no es solo quién vuelve o quién lidera, sino el modelo político que se repite una y otra vez sin revisión real.

Porque al final, cuando se analiza con perspectiva, la conclusión que muchos ciudadanos extraen es clara: el PSOE sigue sin ofrecer una alternativa sólida ni un proyecto creíble para Ferrol.

Frente a eso, el gobierno actual de Rey Varela y su equipo representa hoy una línea de continuidad, gestión y estabilidad que, con sus aciertos y errores, ha conseguido situar de nuevo la acción de gobierno en el centro de la política municipal.

Ferrol merece algo distinto. Y eso, a día de hoy, en el ámbito de la oposición socialista, sigue sin aparecer. Mientras tanto, la ciudad sí cuenta con un gobierno que trabaja con una dirección definida y un equipo centrado en la gestión diaria.

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