La Filarmónica Ferrolana celebra su último concierto de la temporada con la Sinfónica de Galicia

La Filarmónica Ferrolana celebra el 4 de junio su último concierto de la temporada con la Sinfónica de Galicia y la visita de su antiguo titular, Dima Slobodeniouk, a la batuta, con un programa de música francesa y española de principios del siglo XX: El amor brujo de Falla, la Rapsodia española y La valse de Ravel y el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy.

La Filarmónica Ferrolana celebra el próximo jueves, 4 de junio, a las 20:30 horas, en el Auditorio de Ferrol, su último concierto de la temporada, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG), que se después de la visita, en abril, de su primer director titular Victor Pablo Pérez (que lo fue entre 1993 y 2013), se pondrá ante la batuta de su antiguo sucesor, Dima Slobodeniouk (2013-2023), para culminar así una temporada de reencuentros de la orquesta entre los tres directores que han dado alas a la formación hasta la fecha (tras los conciertos, y la gira británica de esta primavera, que tuvo esta temporada la OSG de la mano de su titular, Roberto González-Monjas).

El retorno por un día de Slobodeniouk, el director de origen ruso que llevó a sus espaldas la responsabilidad artística de la orquesta coruñesa durante una década, cierra así la 77ª temporada consecutiva de la Filarmónica Ferrolana con un programa que explora los lazos en la sensibilidad de la música francesa y la española que, muy interconectadas, dieron lugar, hace un siglo, a las piezas que conforman el concierto, que están entre las obras más emblemáticas de tres compositores gigantescos: Debussy, Falla Ravel, tres grandes autores que compartían cierta afinidad, cada uno con su personalidad, y se conocieron en París en los primeros años del siglo XX.

El concierto comenzará con el famoso Prélude à l’après-midi d’un faune (Preludio a la siesta de un fauno), de Claude Debussy (1862-1918), un poema sinfónico de 1894, con un lugar memorable para el solo de flauta travesera, inspirado de los famosos versos, bajo el mismo título (de 1867), del poeta Stéphane Mallarmé, que describen las experiencias sensuales de un fauno que se acaba de despertar de su siesta vespertina y rememora, en un monólogo lleno de lirismo, sus encuentros oníricos con una serie de ninfas.

La música que el poema inspiró en Debussy dio lugar a una de sus obras más conocidas, una pieza que marcó un antes y un después en la historia musical europea y sentó las bases del impresionismo musical –e influyó también en los tres compositores representados en este concierto–, por lo que es una carta de presentación estupenda del viaje en el tiempo musical que nos propone la OSG.

La obra, escribió Debussy, no es un resumen musical del poema original, pero contiene “fondos sucesivos sobre los que se mueven los deseos y sueños del fauno bajo el calor de la tarde”, hasta que, “cansado de perseguir a ninfas y náyades en su atemorizada huida, se abandona a un sueño embriagador, rico en sueños por fin hechos realidad, de plena posesión en la naturaleza universal”.

El concierto prosigue con el ballet El amor brujo (1915), de Manuel de Falla (1876-1946), que tras diez años en escena, fue fijado por el compositor en su versión definitiva para orquesta, resumida en doce escenas, en 1925. Es tal vez la obra más universal del genio gaditano, que aunque guarda en su escritura mucho de lo que absorbió del ambiente musical francés cuando vivió en París (entre 1908 y 1914), produjo a su regreso a España una obra de carácter muy popular andaluz, muy influida por el baile, el duende y el imaginario artístico del flamenco.

Recorre la historia de una muchacha gitana que recurre a la brujería para conquistar a su amado, y tras una noche de invocaciones y danzas arrebatadoras, finalmente lo consigue al despuntar el alba.

La respuesta a una de las obras más famosas de la música clásica española será, en la segunda parte, la propia Rapsodie espagnole (Rapsodia española), de Maurice Ravel (1875-1937). Compuesta entre 1907 y 1908, a partir de una habanera para dos pianos en la que había estado trabajando, es una de las principales composiciones para orquesta del autor vasco francés, que en ese momento de su juventud dejaba entrever a menudo en su música su propia ascendencia española. De la misma época son su ópera La hora española y su canción Vocalise en forma de habanera (ambas de 1907).

La frescura en la orquestación y el pintoresco colorido de esta partitura la han convertido casi desde su estreno en una de las obras más emblemáticas de Ravel, cuya música servirá también para concluir el último concierto de la temporada, con La valse (El vals). Se trata de un “poema coreográfico para orquesta” de 1920, que aunque nació como un ballet, se ha consolidado sobre todo como obra de concierto. Como dijo el compositor George Benjamin sobre esta obra, “fuera escrita o no como una metáfora de los apuros de la civilización europea tras la Gran Guerra” –la Primera Guerra Mundial (1914-1918)–, “su diseño en un solo movimiento imita el nacimiento, la decadencia y la destrucción de un género musical: el vals”, tal vez el símbolo más visual de aquel “mundo de ayer” de Stefan Zweig, previo a la ruptura histórica que supuso 1914.

Ya fuera de la temporada de conciertos, la Filarmónica Ferrolana cerrará el año con una conferencia a cargo del musicólogo de la Universidad Complutense Álvaro Torrente Sánchez-Guisande, hijo del escritor ferrolano Gonzalo Torrente Ballester, en el propio centro cultural que lleva su nombre (y que será el 12 de junio en el Centro Torrente Ballester). En su ponencia, “¿Cómo suenan las emociones?”, hablará de la ópera del siglo XVIII, los tiempos del Ferrol de la Ilustración.

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