Enrique Barrera Beitia
Los que me conocen saben que tengo un vínculo emocional muy fuerte con los judíos. Esto te plantea problemas si militas en la izquierda, por más que seas un sincero defensor de la solución de los dos estados, tal y como dice la incumplida resolución de la ONU. En proporción a su reducido número, los judíos han aportado muchísimo más que cualquier otro pueblo o nación al desarrollo social y científico de la Humanidad. Mucho de ello puede tener que ver con su peculiar religión. En ella, circuncisión al margen, se acude a la sinagoga para discutir con el rabino y no para ser adoctrinado. Además, sus creencias les obligaban a saber leer y escribir desde hace 2000 años, en una época de analfabetismo abrumador. Por último, influye su visión del Paraíso, donde no entrarán si no lo hacen también los gentiles temerosos de Dios que cumplen los mandamientos de Noé.
Todos conocemos las persecuciones a las que han sido sometidos una y otra vez. También sabemos que era inevitable que la constitución del Estado de Israel provocara conflictos, porque esas tierras no les esperaban vacías. Sin embargo, las primeras generaciones estaban dispuestas a negociar el intercambio de territorios por paz. Podían ser ingenuos, pero eran sinceros.
El 30 de abril de 2017 escribí en esta misma sección un artículo titulado “Israel, Palestina y las tres opciones”. En él señalaba que la ventana de oportunidades para llegar a una convivencia se estaba cerrando de manera acelerada y que las fuerzas políticas israelíes partidarias de los dos estados decrecían.
Añadía que, por la inmigración de judíos de Europa oriental y por el aumento demográfico de los ultraortodoxos, terminaría imponiéndose la anexión de Gaza y Cisjordania, reduciendo a los palestinos a ciudadanos de segunda, privados de derechos. Desgraciadamente, se está cumpliendo.
Israel celebrará elecciones no más tarde de octubre de este año, y el panorama que prevén las encuestas es desolador. El centro-izquierda y los partidos árabes, que defiende cada uno a su manera los dos estados, sumarían en torno a los 38 escaños. Los restantes 82 se repartirían entre la derecha y la extrema derecha de los ultraortodoxos, y apuestan por ampliar el territorio nacional. Es verdad que una mayoría desea que Benjamín Netanyahu abandone el cargo e incluso que sea juzgado por varios delitos comunes, pero también hay una mayoría partidaria de continuar la guerra y no terminarla sin alcanzar los objetivos proclamados. Esa mayoría, a su vez, o no ve o no quiere ver lo que ha pasado en Gaza, o, lo que es peor, cree que es el castigo que merecen por no haberse liberado de Hamás por ellos mismos, permitiendo por esta dejación los brutales atentados del 7 de octubre de 2023, por más que este concepto de culpa heredada sea ajena a la tradición judía.
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