El piano envolvente y poético del vigués Miguel Matamoro inundará el Teatro Jofre de Ferrol

La Filarmónica Ferrolana completa este jueves su temporada de música de cámara con un espectáculo único, el de una de las voces más prometedoras de la composición actual en Galicia: Miguel Matamoro, que interpretará al piano la música de sus Cadernos de Loira, donde combina apuntes autobiográficos llenos de lirismo con improvisaciones inspiradas de la música clásica, el folclore y el jazz.

La Filarmónica Ferrolana presenta este próximo jueves, 7 de mayo, a las 20:30 horas, en el Teatro Jofre, el último de sus conciertos de cámara de esta temporada por todo lo grande: con un espectáculo a cargo de una de las voces musicales más prometedoras de la composición actual en Galicia, el autor y pianista vigués Miguel Matamoro, que interpretará al piano una selección de obras cuidadosamente escogidas de entre sus llamados Cadernos de Loira, una colección de apuntes musicales llenos de referencias autobiográficas, geográficas y de guiños a los paisajes del rural gallego y a su inspiración de la música clásica, el jazz y el folclore.

De esta manera, Matamoro presentará en Ferrol un viaje sonoro muy personal, que combina improvisaciones con piezas escritas en los últimos años por el propio compositor, que debuta en la ciudad naval apenas un año después del estreno, en el Auditorio de Ferrol, de su obra sinfónica Endurance, con la que la Real Filharmonía de Galicia, dirigida por Baldur Brönnimann, cerró la temporada pasada.

“Cuando te dedicas a componer, hay obras que las haces por encargo y hay otras que las haces porque quieres”, nos explica el autor. La de Cadernos de Loira es “música hecha para piano, para tocar yo, que en muchos casos surge de mi tiempo a solas de disfrute en el instrumento, así que es muy íntima y autobiográfica, porque siempre hace referencia a momentos, a lugares y a personas importantes en mi vida, por lo que, sin duda, es mi proyecto más personal”.

En ese sentido, el repertorio del concierto se podría describir como un poemario, un diario o “una bitácora con algo de cartográfico”, por su fuerte conexión emocional con la playa de Loira, un fino arenal de aguas tranquilas ubicado en Marín (Pontevedra), donde Matamoro se instaló en 2019, tras su regreso a Galicia, y donde comenzó a dar forma a sus apuntes de piano inspirados en aquel entorno, que luego continuó por otros puntos de la geografía gallega, hasta conformar una extensa y delicada colección de piezas. Para la selección de estos Cuadernos de Loira que interpretará en Ferrol ha elegido, en efecto, las más autobiográficas, un repertorio cuidadosamente escogido que pone el foco sonoro en estilos predilectos del compositor: música clásica del primer tercio del siglo XX, con figuras como RavelRachmaninovStravinskyProkófiev o el delicado lirismo del español Feredico Mompou, y también con influencias de folclore y el jazz.

Ahí se va a notar que “el estudio del contrapunto es la base de mi trabajo diario”, nos adelanta, aunque en su espectáculo trata de darle un lugar especial a la improvisación, en busca de esa “espontaneidad que te permite explorar cómo te sientes en ese momento y expresarlo”. En ese sentido, “siempre llevas ideas que has trabajado, pero me gusta ir a ciegas: llegar y tocar, entrar en la música, durar, emocionarte…”.

“Se trata de reivindicar lo que para mí siempre han sido el piano y la música clásica, para salir un poco de esas convenciones y esos corsés” de la partitura escrita en piedra y consagrada por los años, para recuperar la chispa y la frescura de la que siempre nace toda la música “y reivindicar también esa parte de si hoy estoy más appassionato, o mañana estoy más allegretto o más adagio, para sacarlo fuera y trabajar con ello en el escenario, y ver cómo de lejos puedes llegar sobre una estructura armónica o rítmica, como en el jazz, o qué puedes hacer con las ideas que se te han dado, manipulando, trabajando texturas, deformando el material” como en la música clásica pero en conexión con la atenta complicidad del público.

El Jofre se llenará así con obras como su Nocturno, que evoca sus paseos por el arenal de Loira, y que introduce con una primera improvisación, para seguir con su Preludio, donde, tras otra introducción espontánea, explorará la polirritmia y el desfase entre voces, con motivos minimalistas también combinados hasta desembocar en una evocadora amalgama sonora. Más improvisaciones darán lugar a otras piezas más emotivas, como su Carta a Cervo, un adagio íntimo y epistolar del músico a su pareja, con el que evoca otro lugar importante para ellos, en la Marina lucense, y como Bornalle, en cuya playa virgen y tranquila de la ría de Muros reside el autor en la actualidad. Con agilidad musical y alternancia de compases dibujará en el piano las mareas inmensas que bañan el arenal y transforman el paisaje –donde la playa es siempre igual, pero nunca parece la misma–, con variaciones rítmicas y armónicas que dan cabida al frecuente Nordés.

La cuarta etapa del concierto la encamina su Canción de Berce, compuesta para su pequeña sobrina, donde, sobre un arabesco inicial, surge la melodía, en la que se solapan diferentes motivos (y entre ellos hay uno, más clásico, que evoca una canción de cuna). La estación final del concierto es la del Vals extraído de su banda sonora de la película El arte de los analfabetos (2024).

 

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