Carlos J, Garcia
Antes de adentrarme en mi reflexión quisiera disculparme por mi ausencia temporal en esta ya nuestra casa de Galicia Ártabra, de ya casi tres meses. Cosas de la vida que al igual que nuestros trenes, carreteras, distribución energía, aspectos cotidianos de la Sanidad Pública, y etc. etc. (aún no sabemos que pasó, o si lo sabemos, pero no nos lo cuentan, con el apagón de hace un año; sin novedades sobre el CNIO…que ya cuesta trabajo entenderlo), tiene bastantes baches y algún que otro socavón que parece que todo se hubiese ralentizado. Pero el caso es que aquí estamos con ganas de participar en el sano juego de opinar. Por tanto, reitero mis disculpas por este abandono temporal. Pero de los agujeros también se sacan cosas buenas que nos permiten, después del enfado, ser observadores más relajados y, por tanto, acertadas o no, las reflexiones, son (¿cómo diría…?) más completas, al menos en su imparcialidad (que casi siempre me gusta tener, aunque no lo consiga), porque evidentemente, nunca tenemos todos los porqués.
Terminado mi preámbulo, hoy me gustaría ser más local y quiero hacer una pequeña reflexión de un ferrolano veterano, que no antiguo, de aquellos de la época en que se hablaba en ferrolano y se usaban cotidianamente palabras como “conacho”, “a todo filispín”, “hacer gasolina”, “brus”, Cherepa …y de personajes como Pachara y otros, que creo todos ellos se merecerían una especie de homenaje porque eran algo importante dentro de la cotidianidad y los estilos de vida. Era el Ferrol de los paseos por la calle Real, comer pipas y comprar aceitunas y chufas. En fin, Ferrolano de toda la vida, nacido en San Juan de Filgueira y que ahora he abandonado el centro urbano para vivir viendo el mar, moverme en coche sin que me cabree demasiado; por tanto, más tranquilo y, sobre todo, más feliz. Pero no quita que de vez en cuando vaya al centro de la Ciudad “antigua” de Ferrol, llamada en sus tiempos, Departamental; es decir, principalmente de la Puerta Nueva hasta el Muelle. Al llegar y una vez aparcado (primera aventura) el coche, (más o menos cómodamente), ir caminando a ese centro urbano de grandes recuerdos. Durante estos meses del año he tenido que ir con más frecuencia de lo que hago normalmente y me he ido fijando en las novedades y aprendí que no tengo idea de nada de urbanismo, o alguien quiere definir un nuevo concepto de belleza urbana-social y no lo capto.
Además, siento como cierta vergüenza, lo digo en serio, triste y enfadado, ir por el principio de la calle María y tener la sensación, no de abandono, que es malo, si no de desidia. Ya no les digo nada del antiguo cuartel de Infantería, donde hice parte de la mili, Mérida 44. No sé lo que puede sentir alguien que llegue a Ferrol por la segunda vía de acceso por carretera o ferrocarril y se encuentra con semejante abandono, como podía pensarlo del Cuartel de la Guardia Civil que al menos parece que algo se va a decentar. Por lo menos están los andamios, aunque ignoro si están trabajando. Ya no les digo nada de la calle Galiano y la Plaza Vieja, el propio barrio Ferrol Vello, etc. etc.
Una pena. Como casi siempre que parece que las reformas se hagan por impulsos disfrazados de necesidades ciertas. Quizás muchos ferrolanos no sepan, que la fuente que soportaba al Caballo y su jinete, antes de que alguien tuviese la feliz idea de colocarlo en tal sitio, era una réplica de la fuente que estaba al entrar en la Expo de Barcelona, creo que, en el año 1922, con luces y figuras que marcaban los chorros de agua al salir. Una verdadera preciosidad, que disfrutábamos más los que vivíamos en tan hermosa plaza de aquellos años previos al cambio
por la ganadería equina.
Podemos seguir contando cosas que eran más o menos hermosas y tenían vida. Lo que ahora dudo es si el centro antiguo tiene vida. Las obras de la Calle, ya no sé cómo se llama de tanto cambio, del Mercado hasta la plaza del Callao, no puedo dar opinión de si ha quedado ¿más bonitas? ¿más cómodas? Será cuestión de gustos, pero lo cierto es que no aumenta el paseo por aceras tan anchas, ni parece el tráfico sea más cómodo, pero supongo que los vecinos que vuelven con bolsas de los distintos mercados, tendrán opiniones encontradas cuando intentan
descargar de sus coches de los paquetes de sus compras. Ellos dirán.
Y así podíamos seguir, tendría para llenar más folios, pero que sirva de ejemplo el presente que para cerrar pondría otro ejemplo como es el espacio o solar de la antigua fábrica de Lápices, delante de un restaurante con una estrella Michelin, reclamo importante para la ciudad, que más bien parece una zona de guerra. Y sé que muchas cosas son cuestiones privadas, pero con voluntad de gobernar, administrar, imaginación, gestión… (cosa cara de encontrar, al menos parece) se avanza. Porque las herramientas, las hay. Pero hay que tener voluntad de aplicarlas. Y lo cierto es que cada cuatro años nos piden votar y vamos a ello con ilusión y resulta que son los mismos. Siguen los mismos jefes y cambian de caballeros y señoras, pero… Alguna cara lavan y aprenden rápido la disculpa de que como no hay dinero…
Y en general pagamos todos una barbaridad impuestos de récord; mantenemos una cantidad de cargos, asesores, y demás que uno alucina desde el punto de vista de gestión, además de otros, Y nada parece que tal mecánica de aspirantes e ideas vaya a cambiar. Le toca, en la próxima, al otro bando (así es como se ven, no se ven como personas de ideas diferentes) y a seguir igual que hace ya… que ni recuerdo cuantos años de “mucho pico y poca pala”.
Muchas gracias por leerme y feliz de volver. Y por cierto, no se pierdan las editoriales sobre el mar y Ferrol del Director Pedro Sanz. Parece que el mal de Ferrol es tan endémico que ya viene en nuestro ADN. Hasta la próxima.
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