Editorial: Ferrol, la estación término del olvido institucional

Ferrol y su comarca asisten, una vez más, a un espectáculo de promesas incumplidas y muros burocráticos en Madrid. Mientras el resto de Galicia avanza —aunque sea a ráfagas— en la modernización de sus conexiones, nuestra ciudad sigue anclada en una red ferroviaria que parece más un vestigio del siglo pasado que una infraestructura propia del año 2026.

La reciente postura del PSOE en las instituciones centrales, votando en contra de iniciativas parlamentarias que buscaban agilizar los plazos para la alta velocidad y la modernización del eje Ferrol-A Coruña, supone un jarro de agua fría para las aspiraciones de una comarca que ya no se conforma con «estudios informativos» o parches de mantenimiento. Es incomprensible que, mientras el Ministerio de Transportes presume de inversiones millonarias en el sistema portuario estatal para 2026, la conectividad terrestre que debe dar salida a ese potencial económico siga siendo el «talón de Aquiles» del norte de Galicia.

Ferrol es hoy la única gran ciudad gallega sin una conexión de alta velocidad competitiva y la única sin una estación intermodal. El compromiso del ministerio con el Tren del Siglo XXI sigue siendo una declaración de intenciones sin partidas presupuestarias que garanticen una reducción real de tiempos.

Mientras se licitan proyectos para renovar la conexión con el puerto exterior por 21,6 millones de euros, la movilidad cotidiana de los más de 600.000 habitantes del área de influencia se ve lastrada por una línea hacia A Coruña que, en pleno 2026, sigue presentando limitaciones de velocidad y frecuencias insuficientes.

El rechazo en el Congreso a mociones que exigían un trato de urgencia para Ferrol demuestra que los intereses de partido en la capital prevalecen sobre las necesidades de vertebración del territorio. La «deuda histórica» con esta comarca no se paga con palabras, sino con el BOE en la mano.

No se trata solo de viajar más rápido a Madrid o A Coruña; se trata de supervivencia económica. Sin infraestructuras modernas, la capacidad competitiva del puerto y de la industria local se ve mermada ante otros polos logísticos.

Ferrol no puede seguir siendo la excepción negativa de la modernización española. El Gobierno central y el Ministerio de Transportes deben entender que el tiempo de las excusas se ha agotado. Votar en contra de Ferrol en Madrid es votar a favor de la decadencia de una comarca que ya ha dado demasiado a cambio de muy poco. Y eso no se arregla con una «próxima» reuniòn con algún alto cargo del gobierno Psoe-Sumar, desde luego no con el señor de Valladolid que es el que debía dar  la cara.  

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