Ha llegado a nuestras manos una revista de las fiestas de verano del año 1947, y en ella aparecen varios interesantes artículos de figuras como Leyra Domínguez, Bello Piñeiro y Torrente Ballester.
Por la actualidad del tema reproducimos lo que escribía en esa revista el autor de «Los gozos y las sombras» en referencia al muro del Arsenal
FERROL Y LA MAR
«La más ferrolana de todas las estampas posibles, aquélla en la que se manifiestan con mayor evidencia las verdaderas relaciones físicas entre la ciudad y la mar y no sé si ha sido ya recogida en documento plástico (pintores hay que podían hacerlo, abandonando de una vez los tópicos paisajísticos en que desgastan y malgastan su talento). No sé si ha sido pintada ya, pero cualquier ferrolano y tiene ocasiòn de imaginarla. Basta, para ello, con que se instale, como observador, en la esquina de la calle Real donde tiene su farmacia el señor Usero. Una vez allí, mire

hacia abajo, y verá, en la parcela celeste limitada por los perfiles de las últimas casas, la arboladura del «Galatea» levantándose hacia las nubes, cargada de todo el romanticismo nostçalgico que el contemplador pueda quiera adjudicarle. Si es al atardecer y el cielo se ha vestido de corinto y oro, el contemplador siente la irrefrenable necesidad de contemplar el conjunto, que en este caso consiste solamente en la percepción del barco entero, meciéndose dulcemente sobre las olas azules y todo lo demás.
Pero la decepción es inmediata, la posible y adorable visión romántica se ve cortada, impedida, frenada en su vocación de ascenso, por la muralla del Arsenal, que interpone sus planos de blanco, sucio y chafa sin miramientos el más lírico entusiasmo, quedando así la estampa reducida a una emergente arboladura incompleta, y a un fracasado sentimiento que se revuelve rápido sobre si mismo y disimula el fracaso con un chiste o una broma.
A mi juicio, esta visión que acabo de describir es la más exactamente ferrolana. Porque Ferrol es una ciudad marinera la que apenas se ve el mar. No lo disimulemos, no nos hagamos los desentendidos, porque esa es la verdad. ¿Qué menos podría esperarse de nuestra Ciudad que unos planos azules en dulce movimiento, con barquitos y todo, al final de cada calle?. ¿No desea todo ferrolano que se estime una buena vista sobre la ría para el balcón de su casa y poder contemplarla cada mañana sin más que abrirlo y asomarse?. Pero esto salvo, salvo una hilera de casas privilegiadas, nos está totalmente vedado. Si queremos ver el mar hemos de acudir a uno de los tres o cuatro lugares públicos, más o menos lejanos, donde todavía no se han levantado murallas ni rejas. Solamente desde ellos pueden empaparse nuestros ojos en la admirable visión, limpiándose del ingrato recuerdo de esas estructuras urbanas trabajadas en cemento que, para nuestro martirio, pululan hacia el oriente. No se ha comprendido aún que para cualquier ferrolano , esa visión lustral es imprescindible y que mientras no pueda realizarse cómoda y tranquilamente, el espíritu de la ciudad, como venganza, encontrará refugio en la ironía.
Ferrol es la única ciudad del mundo que ha puesto puertas a la mar, puertas y murallas, y verjas de hierro y toda clase de obstáculos a la visión y al paseo. ¿No llegará un día en que un sistema de filtros, convenientemente dispuestos impidan la llegada al centro de la ciudad del aire yodado que a veces la mar nos envía?.. ¿No llegará un día en que nuestros hijos ignoren que a muy pocos metros de distancia la mar existe y se mueve y refleja en su azul espejo de luces, las luces y los cielos?. Si ese día llegase habría que poner un marco en esa esquina de la calle Real de la que antes hablé para que a través de él pudiera contemplarse la arboladura del «Galatea» en dique, como se contemplan los grabados románticos en el salón de la abuela, como señales de un pasado muerto sin remedio.
Debajo habría que poner este título «En otros tiempos Ferrol fue una ciudad marítima».
Galicia Ártabra Digital Noticias de Ferrol y la comarca de Ferrolterra.