El barrio de Ultramar, en Ferrol, ha celebrado en la tarde de este domingo, 22 de marzo, un emotivo homenaje a Maruja Saavedra, la mítica tendera que ha regentado el negocio «Maruja Alimentación» desde 1948 en la esquina de Villa Soledad con Ingeniero Comerma. y que hoy regenta su hijo, aunque ella sigue «al pie del cañón».
El evento ha sido impulsado por la Asociación Vecinal de Ultramar para reconocer su legado y el trato cercano que ha mantenido con los vecinos durante casi ocho décadas, quienes lo han demostrado con su cariño este domingo abarrotando la sede vecinal de la calle Sartaña, aunque muchos tuvieron que quedarse fuera del local.
A sus casi 98 años, Maruja es considerada un símbolo de la historia y el comercio de proximidad del barrio, habiendo sido testigo de su evolución desde que la zona estaba compuesta mayoritariamente por prados y vacas.
Y allí estaba, acompañada por hijos, nietos, bisnietos y hermanas, así como un buen número de amigas y amigos que no se quisieron perder este homenaje, que ella agradeció con sencillas palabras y muy emocionada.
Natalia Ares, la presidenta de la Asociación de Vecinos destacó que indicaba que Maruja representa siempre» lo mejor del comercio de barrio: la cercanía, el compromiso, la humanidad; no solo le agradecemos sus años de trabajo sino su forma de estar en el mundo y cuidar y tratar a la gente», recordando que «el barrio de Ultramar es lo que es por personas como Maruja; que día a día hacen comunidad sin saberlo, simplemente siendo como son».
Por su parte el alcalde de Ferrol, José Manuel Rey Varela, nacido en el barrio y donde vive parte de su familia tras señalar que gracias a su atención de cercanía al vecindario, Maruja se convirtió en todo un símbolo del barrio indiò que “La tienda de Maruja es más antigua que los edificios que la rodean y mientras Ultramar se iba construyendo, ya estaba Maruja abriendo su puerta cada día”, aseguró el regidor, trasladando su afectuosa felicitación a Maruja,y destacando el valor de las personas mayores que “son las que construyeron esta ciudad con su trabajo y con su esfuerzo”. Rey Varela agradeció a la nonagenaria su compromiso con el barrio y su labor tan
cercano durante toda su vida.
Y allí hubo alegría, buen entendimiento vecinal, regalos y más de una lágrima. Fue una tarde inolvidable.
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