Ucrania cambia la doctrina militar–(Enrique Barrera Beitia)

Enrique Barrera Beitia

En un artículo titulado “Cuenta atrás para Ucrania” que publiqué el pasado 8 de junio en esta sección, decía que este país tenía capacidad para luchar varios meses, y que la guerra terminaría en diciembre de 2025, pero la realidad es que continúa por el uso masivo que los ucranianos han hecho de los drones, obligando a Rusia a continuar con una guerra de desgaste, incompatible con avances rápidos y envolvimientos masivos de tropas.

Tras una turbulenta movilización forzosa, las Fuerza Armadas de Ucrania disponen de reservas humanas, y en su conjunto mantienen la cohesión e intercambian espacio por tiempo, a la espera de un cambio de actitud de Donald Trump o lo que es peor, de una escalada del conflicto, algo que podría ocurrir si Ucrania recibe ojivas nucleares de Francia o Reino Unido.

Sin embargo, no hay ningún dato objetivo para pensar que la victoria se le escape a Rusia, cuya economía sufre, pero resiste mucho mejor de lo augurado por los analistas occidentales. El mando ruso se centra en la destrucción de la logística enemiga, y en sostener diariamente numerosos ataques a pequeña escala en la línea de contacto. Máxima dispersión y movilidad, porque toda arma es detectada en poco tiempo y debe cambiar de posición. En definitiva, un cambio de doctrina militar basado en más drones y menos material blindado.

Dos pelotones de infantería (uno en reserva) que frecuentemente cruzan la zona gris en motos eléctricas, un equipo de veinte operadores de drones, una pieza contra-batería que usa un radar portátil capaz de  detectar artillería y morteros enemigos, y a la vez da las instrucciones necesarias a dos tanques en posición cerrada de tiro, para que destruyan cualquier objetivo hasta un rango de 8 kms. En total, unos sesenta combatientes de los que realmente sólo quince atacan, para en cooperación con otras dos secciones, ocupar una aldea tras otra. Aunque las ganancias territoriales oscilen entre unos escasos 400 y 500 kms cuadrados al mes, tiene su lógica, porque una acumulación masiva de pequeños éxitos tácticos puede convertirse en un éxito operacional, y algo muy importante: se reducen significativamente las pérdidas de mano de obra.

Sobre este delicado asunto, y en relación a los combatientes ucranianos muertos incluyendo a voluntarios de otros países, The Economist daba la cifra de 300.000 en noviembre de 2025. En la contraparte rusa, laBBC, Meduza y Mediazón daban la cifra de al menos 200.017 muertos en al terminar este mes de febrero.

Particularmente, estimo que a fecha de hoy, las cifras reales en los ejércitos ruso y ucraniano están en torno a 325.000 y 450.000 fallecidos respectivamente. Ojalá me equivoque y sean menos, pero en cualquier caso tendrá sus consecuencias en la mesa de negociaciones, porque Putin sólo puede hacer concesiones en cuestiones secundarias y siempre que no parezca obligado, mientras que el gran problema de Zelensky será dar explicaciones a su gente, porque cualquier paz que implique ceder territorios y no entrar en la OTAN, generará no sólo la derrota electoral, sino ajustes de cuentas por todo el sacrificio inútil al que ha sometido a su población.

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