Adiós a Álvaro Lamas. Arte y sensibilidad

María Fidalgo Casares-

Este viernes, día 16, se vivió una gran consternación en la ciudad por la reciente pérdida de Álvaro Lamas. Distintos medios recogían la semblanza del que fue sin duda el mejor instrumentista ferrolano de su generación y de los más relevantes en el panorama musical de las últimas décadas. La más valiosa, la de Fernández del Campo, por hablar desde la experiencia de compartir su cercanía al artista en su vorágine de Los Limones y haber captado con convicción y pura Literatura la personalidad de un músico singular.

Mas conocido entre los suyos como Alvarito, atesoraba una larga y desconocida trayectoria con las principales orquestas de Galicia entre ellas, Sabor Hits y Los Micron´s. Después con América, Player´s;, y los mismísimos Tamara … Con ellas viajó como guitarrista, cuando era casi un adolescente, por las principales capitales europeas e hispanoamericanas. También tocó en las orquestas de los ferrys que unían Noruega con Finlandia… Al volver a Ferrol, compartía con sus jóvenes amigos los “elepés” -como se decía entonces- que adquiría “en el extranjero” inimaginables en el Ferrol de la época. Muchos forjaron con él las bases de su cultura musical.

Su bautizo exitoso en la música pop vino de la mano del primigenio Terminal Norte, con el que acabó ganando el primer puesto en el concurso de maquetas de la revista Rock de Lux en 1985, y militó a lo largo de su vida en varios grupos más como Azúcar, Con cierto swing, Eternos o El último Gato, pero lo que le dio más visibilidad en la ciudad fue el haber formado parte de la “formación clásica de Los Limones”. En él deslumbró con su dominio de la pedal steel guitar cuyo característico sonido impregnó las canciones más recordadas del grupo.

Durante años Ramón Arroyo de Los Secretos estuvo considerado el segundo de los dos mejores instrumentistas en España de la pedal steel guitar… porque todos reconocían que le superaba el ferrolano Alvaro Lamas… Esta peculiar guitarra de origen hawaiano, primero la adquirió en Amsterdam y estuvo “fuchicando” en ella hasta tomarle el pulso. Poco más tarde, en una tienda de música que ni siquiera conocía el instrumento, encargaba una más sofisticada por catálogo a Estados Unidos y con un talento natural, aprendió a dominarla de forma autodidacta. Los ferrolanos tuvimos el privilegio de ver cómo manejaba el difícil instrumento de diez cuerdas, de la familia de las guitarras, sin caja de resonancia (salvo en los modelos acústicos). De forma rectangular, Alvaro Lamas la disponía horizontalmente, bien sobre las rodillas, o bien sobre un armazón con patas. De una forma fluida y distendida mientras esbozaba una sonrisa, muchas veces hasta con un pitillo en los labios, tocaba las cuerdas con un dispositivo especial denominado, precisamente «steel» que daba su nombre al instrumento, y no con los dedos como otros instrumentos de cuerda.

Estuvo presente en todos los temas de Limones hasta 1997. Después colaboraría con ellos de forma episódica, con
apariciones estelares en algunos de sus conciertos.
Especialmente brillante fue su intervención en “Palabra”, uno de los discos más “redondos” del grupo donde convivio con un Antonio Vega que le admiraba como artista.  En 2019 recibía el primer Premio La Room por su calidad instrumentística.

Era un músico de personalidad sencilla, y de una modestia poco común en alguien de su valía y poseía una bonhomía excepcional que le hizo ser querido por todos los que lo conocieron. Su excepcional talento – nunca suficientemente valorado – le hizo ser un auténtico virtuoso, como demostró en una trayectoria en la que exhibió la versatilidad del instrumento, llevándolo a ámbitos tan dispares como el pop, rock, folk y la música clásica. Tanto es así que no sólo colaboró con grupos ochenteros como Siniestro Total y Dinamita pa los Pollos sino también con Los Lunes, Colorado, Brendefol, Julie Guravich, Niño y Pistola, Piquín, OK Corral, Colorado, Dani Bravo y los
Camaleones o Marcos Mella. Fernández del Campo, mánager de Los Limones recordaba que tuvo muchas oportunidades para dejar Ferrol y que incluso Los Secretos, le ofrecieron incorporarse a la banda de manera
estable. Pero era feliz en su ciudad, donde se sentía libre para vivir la música.

También fue requerido por los tótems más espirituales de la movida de los 80: los tristemente desaparecidos Antonio Vega y Enrique Urquijo. Este último, conocía el talento del músico y quiso volver a grabar con el peculiar sonido de Álvaro Lamas una de sus canciones más emblemáticas: “Quiero beber hasta perder el control”.

Tuve la suerte, en un tiempo remoto, de vivir con él momentos muy señalados en la trayectoria de Limones. Me dedicaron una canción y les acompañé en decenas de conciertos. Desde su primera gran comparecencia en el estadio de Santiago -con un exitoso Duncan Dhu desconcertado al ver cómo se retrasaba su actuación por los bises que pedía el público a los teloneros-, a pequeñas salas, discotecas de verano, escenarios supersónicos como el de Sevilla en la Expo 92 o la inauguración de la potente Virgin Records. En muchos de ellos, a mi lado, mi amigo del alma Carlocho Cánovas, al que tanto sigo recordando. En algunas actuaciones hasta llegué a hacer los coros. Puedo decir que jamás oí de Álvaro un comentario fuera de lugar, y que la bondad que transmitía esa mirada
pícara nunca le abandonó, ni hasta en sus peores momentos.
Fue especialmente cariñoso cuando me agradeció lo que escribí sobre él en Galicia Artabra en 2014. Me dijo que era la primera vez que alguien le dedicaba una nota de prensa, cosa que me pareció inaudita, dada su valía como músico.

Single, El escenario de un club 1989

A día de hoy, muchas de las canciones de Limones las percibimos como auténticos himnos generacionales. Y si
repasamos aquellos temas inolvidables, sentiremos un nudo en la garganta al reconocer en sus primeros acordes la huella mágica e inconfundible de Álvaro. En todas y cada una. Pero si tengo que elegir, hoy por su deliciosa armonía y sobre todo por su título, me quedaría con “El escenario de un club”, ejemplo de tantos en los que tocó Alvarito y en los que nos permitió disfrutar de su arte. Tal vez se esté encontrando ahora en un nuevo escenario con Germán, Jorge, Enrique, Antonio, genios tan líricos como lo era él, interpretando aquellas canciones que
hicieron de los 80 una década irrepetible. En ella, Alvarito escribió con su extraordinaria sensibilidad una página de oro. No lo hizo con tinta, sino con la melancolía de las notas de esa steel que varias generaciones de ferrolanos llevarán siempre en la memoria y en el corazón. La banda sonora de un tiempo en el que los sentimientos lo eran todo en la vida.

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