Cada mes de agosto, la urbe naval se despoja de la rutina para demostrar que su identidad está muy viva y late con fuerza en sus calles. Estas celebraciones no son un simple paréntesis lúdico-festivo en el calendario; constituyen un motor de cohesión social y orgullo de pertenencia para todos los ferrolanos.

Los festejos de San Ramón llevan la música, el teatro, los talleres infantiles desde la plaza de Armas hasta los barrios y parroquias de Canido, Caranza, Esteiro, Covas… consiguiendo que todo Ferrol se vuelva protagonista; y la apuesta por los grandes conciertos gratuitos transforma los espacios públicos en puntos de encuentro intergeneracionales
La singularidad de estas fiestas radica en su asombrosa capacidad para ser puente entre la raíz y la vanguardia. Mientras el cielo de A Malata se convierte en un lienzo tecnológico con los espectáculos visuales de los drones, combinados con los fuegos artificiales de la noche del 31 de agosto, las agrupaciones folclóricas, los certámenes de Rondallas y los desfiles de carrozas rinden tributo a las raíces de la comarca. Tenemos así el Ferrol del siglo XXI, una ciudad orgullosa de su pasado naval, moderna y conectada con los nuevos tiempos.
Más allá del valor cultural, los festejos de San Ramón dejan un impacto económico muy positivo en la ciudad que repercute en la hostelería, comercio, hotelería.. el incremento de flujo turístico se ve reforzado por la celebración de eventos internaciones como el Pantín Classic, la afluencia de cruceros de pasaje, el Camino Inglés, visitantes que se sienten atraídos por todos estos reclamos que consolida a Ferrolterra como destino de referencia en el noroeste peninsular.
Cuando la música de las orquestas deje de sonar esta noche y se retire el último de los escenarios en Curuxeiras, las Fiestas de Verano llegan a su término dejando la ciudad reforzada de optimismo y mirando hacia el futuro en esta tierra llena de atractivos.
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