Cuando la oposición se mira demasiado al espejo–(José Luís Álvarez)

José Luís Álvarez
Espejito, espejito, ¿quién es el candidato más guay del ayuntamiento? Podría ser una conversación del libro de Blancanieves, pero podría ser lo que Ángel Mato y Eva Martínez se dicen cada noche antes de acostarse. 

En cualquier democracia sana, una buena oposición es tan necesaria como un buen gobierno. Fiscalizar, proponer alternativas y señalar errores forman parte de su función. Pero existe una diferencia sustancial entre ejercer una oposición responsable a convertir la política en una sucesión de ataques personales, descalificaciones y enfrentamientos estériles. Cuando se cruza esa línea, quien pierde no es el gobierno de turno ni los partidos de turno; quien pierde es la ciudad.

En Ferrol, el PSOE parece haber optado por ese camino. Lejos de construir un discurso ilusionante que permita a los ciudadanos visualizar una alternativa de gobierno, buena parte de su estrategia se ha basado en la confrontación permanente, los ataques personales y en la personalización del debate. El resultado es una oposición que genera mucho ruido, pero pocas soluciones.

La figura de Ángel Mato simboliza, en buena medida, esa contradicción. Tras haber gobernado la ciudad y haber recibido en las urnas un claro mensaje de los ciudadanos, cabría esperar un ejercicio de autocrítica, una reflexión sobre los errores cometidos y una renovación del proyecto político. Sin embargo, la sensación que transmite es la de un liderazgo que sigue mirando más hacia el pasado que hacia el futuro, más preocupado por erosionar al gobierno municipal que por reconstruir la confianza perdida.

Humildad

La política exige una virtud que no siempre abunda: la humildad para escuchar a los ciudadanos y aceptar el veredicto de las urnas. Cuando esa capacidad desaparece, el riesgo es caer en una dinámica donde el objetivo deja de ser mejorar la ciudad para convertirse únicamente en desgastar al adversario.

En ese contexto también resulta inevitable analizar el papel de Eva Martínez. Su trayectoria política ha estado estrechamente ligada a la de Ángel Mato. Formó parte de su gobierno como concejala, defendió públicamente su gestión y desempeñó un papel relevante durante la campaña electoral como una de sus principales portavoces y estrategas de esa campaña de ataque personal que realizó el PSOE en el 2023. Esa vinculación forma parte de la memoria política reciente de Ferrol y difícilmente puede borrarse simplemente porque cambien las circunstancias internas del partido.

Sin embargo, en los últimos tiempos parece apreciarse una estrategia encaminada a construir un perfil propio y a marcar distancias con quien fue durante años su principal referente político. Es una evolución que puede interpretarse como un intento de abrir una nueva etapa dentro del PSOE ferrolano. Pero también puede generar entre muchos ciudadanos la percepción de que la prioridad no es tanto ofrecer un proyecto diferente para Ferrol como disputar el liderazgo interno del partido y preparar su siguiente paso en su carrera política.

La ambición es una cualidad legítima en política cuando está al servicio del interés general. Lo que resulta más difícil de comprender es cuando las aspiraciones personales parecen ocupar el primer plano mientras la ciudad continúa esperando respuestas a sus problemas. Muchos ciudadanos tienen la impresión de que el debate socialista gira con demasiada frecuencia alrededor de quién liderará el partido mañana, en lugar de cómo liderar Ferrol hoy.

Además, cualquier intento de desvincularse completamente de la etapa anterior tropieza con un hecho evidente: los equipos también asumen responsabilidades colectivas. Quienes formaron parte del gobierno de Ángel Mato, respaldaron sus decisiones y defendieron su proyecto ante los ciudadanos no pueden presentarse ahora como si hubieran sido simples espectadores de aquella etapa o Cisnes Blancos que venden renovación o frescura. Una renovación política solo resulta creíble cuando va acompañada de una reflexión sincera sobre los errores cometidos, algo que no ha sucedido ni sucederá viendo los candidatos. 

Ferrol está afrontando demasiados desafíos como para desperdiciar el tiempo en guerras internas o enfrentamientos personales. La regeneración urbana, la consolidación del empleo industrial, la recuperación demográfica, el apoyo al comercio local, la vivienda o la mejora de los servicios públicos están hoy en la agenda diaria municipal, y requieren de una oposición capaz de aportar soluciones y no solo el que mal va todo.

Cuesta identificar hoy un proyecto reconocible del PSOE para la ciudad. Más allá de la crítica constante al gobierno municipal, resulta difícil encontrar una propuesta de ciudad ilusionante, una hoja de ruta definida o una alternativa que permita a los ferrolanos visualizar un futuro diferente.

Existe además una sensación que puede acabar convirtiéndose en un importante lastre político: cuando las luchas por el liderazgo ocupan más espacio que las propuestas para la ciudadanía, el mensaje que llega a la calle es que el principal objetivo consiste en recuperar el poder antes que en recuperar la confianza de los vecinos.

Coherencia

Los ciudadanos valoran la coherencia. Esperan que quienes aspiran a gobernar expliquen qué harían de manera diferente, asuman con naturalidad las responsabilidades del pasado y demuestren que sus decisiones estarán guiadas por el interés de la ciudad y no por el siguiente escalón de su trayectoria política. Esa credibilidad no se obtiene mediante cambios de imagen ni distancias estratégicas, sino con hechos y con un compromiso inequívoco con Ferrol, algo que ni Ángel ni Eva demostraron.

El ego es probablemente uno de los peores consejeros de cualquier dirigente político. Lleva a pensar que el problema siempre está fuera, que los errores son ajenos y que cualquier crítica responde a intereses partidistas. Esa actitud dificulta la autocrítica y aleja a los representantes públicos de las preocupaciones reales de los ciudadanos.

Ferrol necesita representantes que hablen menos de sí mismos y más de la ciudad. Que discutan sobre inversiones, empleo, industria, bienestar social, movilidad o cultura antes que sobre rivalidades internas o estrategias personales. La política municipal no debería ser un trampolín para carreras individuales, sino un compromiso con quienes depositan su confianza en las urnas.

La oposición tiene derecho —y obligación— de fiscalizar al gobierno y denunciar aquello que considere equivocado. Pero esa labor pierde fuerza cuando el tono agresivo acaba eclipsando el contenido o cuando la crítica parece responder más a una estrategia de desgaste permanente que a una voluntad sincera de mejorar Ferrol.

La confianza ciudadana no se recupera con más confrontación, sino con más humildad. No se conquista mediante ataques personales, sino ofreciendo un proyecto sólido, creíble y realista. Porque los ferrolanos no necesitan políticos obsesionados con quién ocupará el próximo despacho; necesitan dirigentes preocupados por quién ocupará el próximo puesto de trabajo, por qué joven decidirá quedarse en la ciudad y por qué empresa apostará por invertir en ella.

Ferrol merece una oposición exigente, preparada y constructiva. Una oposición que fiscalice con rigor, pero que también aporte ideas. Que sea capaz de reconocer los aciertos cuando existan y de discrepar con firmeza sin convertir el debate político en un enfrentamiento permanente. Porque cuando el interés por recuperar el poder parece imponerse al interés por mejorar la ciudad, la confianza ciudadana se resiente. Y esa percepción, justa o no, es la que están traslado Eva Martínez y Ángel Mato en estos momentos.

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