Ángel Mato insiste en volver pese a su fracaso: Ferrol ante el riesgo de repetir una etapa fallida (José Carlos Enríquez Díaz)

José Carlos Enríquez Díaz
Hay políticos que pierden y reflexionan. Otros pierden y se apartan. Ángel Mato, en cambio, ha optado por ignorar la derrota… y volver como si nada.

Su anuncio como candidato a las primarias del PSOE no solo era previsible; era casi un ejercicio de coherencia… consigo mismo: persistir, aunque los hechos digan lo contrario. Porque si algo ha demostrado Mato en los últimos años no es precisamente capacidad de autocrítica, sino una notable resistencia a aceptar la realidad.

Porque sí, Mato vuelve. Vuelve el mismo que perdió la alcaldía tras una gestión que dejó más preguntas que respuestas, más baches que soluciones y más frustración que avances. Y lo hace, además, con la seguridad de quien se autoproclama “la persona más indicada”. La pregunta, inevitable, es: ¿indicada para qué exactamente?

Durante su etapa como alcalde, Ferrol no vivió precisamente una edad dorada. La ciudad arrastró una sensación constante de parálisis, con proyectos atascados, decisiones que no llegaban y una administración que parecía funcionar a ralentí. Mientras tanto, los vecinos lidiaban con problemas cotidianos que, en demasiadas ocasiones, caían en saco roto. Llamar, insistir, esperar… y resignarse.

Pero lejos de asumir ese pasado, Mato ha optado por una estrategia más cómoda: actuar como si nada hubiese ocurrido y señalar, con sorprendente entusiasmo, los fallos del actual gobierno. Un clásico. Lo llamativo no es la crítica —legítima en democracia— sino la amnesia selectiva con la que se ejerce.

Porque conviene recordar que quien hoy reparte lecciones de gestión fue incapaz de sacar adelante proyectos clave en cuatro años, como el convenio de Sánchez Aguilera, desbloqueado prácticamente in extremis y gracias a dinámicas que poco tuvieron que ver con su liderazgo. No fue falta de tiempo; fue falta de eficacia.

Y en medio de este regreso, emerge otro elemento digno de análisis: su equipo. El transformismo político dentro del entorno de Mato daría para tesis doctoral. Especialmente en el caso de su número dos, que ha pasado de criticar con dureza su inacción —incluida aquella memorable acusación de no hacer “absolutamente nada por la cultura”— a defenderlo con fervor casi militante. Un giro tan radical que haría sonrojar incluso a los manuales más flexibles de coherencia política.

Este tipo de movimientos no solo generan desconcierto; alimentan la percepción de que el proyecto socialista en Ferrol se mueve más por posicionamientos personales que por convicciones reales. Y eso, en política local, se paga.

Mientras tanto, en la otra esquina del ring interno aparece Eva Martínez Montero. Sin necesidad de grandes proclamaciones, su trayectoria como concejala de Asuntos Sociales dejó una huella que muchos aún recuerdan. Trabajo discreto, implicación directa y una cercanía poco habitual, incluso en momentos complicados. Hay quien la vio, literalmente, repartiendo alimentos con su propio coche a familias necesitadas, sin cámaras ni titulares.

Ese contraste es, probablemente, lo que hace que estas primarias sean algo más que un trámite. Porque frente al discurso grandilocuente de Mato, emerge una forma distinta de entender la política: menos épica y más útil. Menos relato y más hechos. Algo que, visto lo visto, no es un matiz menor.

Pero volvamos al exalcalde. Otro de los puntos que no ayuda precisamente a reforzar su credibilidad es la gestión interna de su propio equipo, donde no han faltado decisiones cuestionadas e incluso abandonos. La promoción de perfiles sin arraigo previo en el partido a posiciones relevantes ha sido interpretada por muchos como una muestra de favoritismo más que de meritocracia. Y eso, en un contexto de desgaste electoral, no suma precisamente confianza.

Por si fuera poco, Mato parece instalado en una narrativa en la que la culpa siempre es externa: los socios, la oposición, la ciudadanía poco agradecida… todos menos él. Una versión política del “yo no fui” que, a estas alturas, resulta difícil de sostener sin caer en la caricatura.

Y mientras tanto, la ciudad sigue su curso. Con problemas, sí, pero también con una percepción creciente entre algunos vecinos de que la respuesta institucional actual, con el Partido Popular al frente, es más ágil en cuestiones del día a día. No es tanto una cuestión ideológica como práctica: cuando se llama, alguien responde. Algo que, por simple que parezca, marca diferencias.

En este escenario, la insistencia de Mato en liderar de nuevo el proyecto socialista plantea una duda razonable: ¿es esto un ejercicio de compromiso político o de resistencia personal a asumir el final de una etapa?. Porque a veces, saber irse también es una forma de servir. Y no hacerlo, también dice mucho.

Ferrol no necesita nostalgia política ni segundas partes de experimentos fallidos. Necesita autocrítica, renovación y, sobre todo, credibilidad. Tres conceptos que, hoy por hoy, siguen sin aparecer en el discurso de quien aspira, una vez más, a liderar.

Y es que, por mucho que se repita el mensaje, no basta con decir que uno es el más indicado; hay que demostrarlo. Y en el caso de Ángel Mato, los antecedentes pesan más que las palabras.

Porque en política hay algo peor que equivocarse: no querer reconocerlo. Y algo aún más preocupante: pretender que los demás lo olviden. Ferrol ya decidió una vez. La cuestión ahora es si alguien está dispuesto, por fin, a escuchar ese mensaje.

 

Lea también

My dear and great unknown–( Julia M.ª Dopico y Vale de Piñeyro)

Julia M.ª Dopico y Vale de Piñeyro He interrumpido mis publicaciones semanales por dos importantes …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *