José Carlos Enríquez Díaz
A menudo nos resignamos a pensar que la burocracia municipal es una maquinaria lenta, pesada y distante, donde las demandas vecinales se diluyen entre trámites interminables y soluciones que nunca llegan o lo hacen cuando ya casi han perdido sentido. Por eso, cuando ocurre justo lo contrario, cuando alguien dentro de la administración escucha de verdad y actúa con rapidez, no solo es justo reconocerlo, sino también necesario ponerlo en valor.
Todo comenzó este pasado domingo, en una escena de lo más cotidiana: un café en la terraza con un vecino. En medio de la conversación surgió el evidente deterioro del entorno de la conocida Casa del Patín, un espacio que presentaba un estado de abandono preocupante, con maleza invadiendo los accesos y restos acumulados que dificultaban el paso y afeaban notablemente la zona.
La casualidad quiso que, en ese mismo momento, se acercara a saludarnos el concejal de Obras, José Tomé, con una cercanía y naturalidad que ya dicen mucho de su forma de entender el servicio público. Aprovechamos para trasladarle directamente la situación, sin formalismos ni escritos de por medio, simplemente como vecinos preocupados por su entorno.
Lo habitual en estos casos sería escuchar buenas palabras acompañadas de un “tomamos nota” que, con demasiada frecuencia, se pierde en el tiempo. Sin embargo, en esta ocasión ocurrió algo que, por desgracia, no es tan común: dos días después, este mismo martes, operarios municipales acudieron al lugar y dejaron todo el entorno completamente limpio, despejado y en condiciones óptimas.
Donde antes había abandono, hoy hay un espacio cuidado, transitable y digno. Sin papeleos eternos, sin esperas desesperantes, sin promesas vacías. No es, además, un hecho aislado. No es la primera vez que este concejal responde con esta diligencia ante pequeñas demandas vecinales, demostrando que su compromiso con el día a día de la ciudad es constante. Porque, aunque pueda parecer algo menor, hay una verdad que nunca falla: quien es fiel en lo pequeño, también lo será en lo grande. De poco sirven los grandes proyectos sobre el papel si luego se descuidan los detalles que afectan directamente a la vida cotidiana de los vecinos.
Y precisamente por eso, resulta inevitable recordar otras situaciones no tan lejanas en el tiempo, con la anterior corporación, cuando desde la oposición se solicitaron medidas tan básicas como la instalación de bolardos y bandas sonoras en una calle próxima, una zona especialmente sensible por la presencia de dos colegios y el riesgo evidente para la seguridad. Aquella petición tardó cerca de ocho meses en hacerse realidad. Ocho meses frente a menos de cuarenta y ocho horas. La diferencia no está en la complejidad de la actuación, sino en la actitud ante el problema.
Da gusto, sinceramente, encontrarse con responsables públicos que no solo oyen, sino que escuchan; que no solo prometen, sino que actúan; que no se esconden tras el despacho, sino que se acercan, hablan y resuelven. Esa cercanía, rapidez y eficacia son las que realmente construyen la confianza entre la ciudadanía y sus representantes.
Por todo ello, sirva este texto como un reconocimiento claro y merecido a la forma de trabajar de José Tomé.
Ojalá este ejemplo no sea la excepción, sino el camino a seguir en cada rincón de nuestra administración local.
Cuando la política municipal escucha y actúa: el valor de la rapidez y la cercanía. ¿Se acuerdan de aquello de……»al César lo que es del César…» ?. Pues aquí tienen claro lo que aquí comento.
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