Enrique Barrera Beitia
Somos militarmente más fuertes de lo que creemos, y lo digo cuando hay un debate sobre lo que puede y debe invertir España en sus fuerzas armadas. Cuando Donald Trump está furioso porque nuestro presidente no quiere alcanzar el 5%, y cuando algunos partidos también lo están porque no quieren que se incremente lo más mínimo, han aparecido informaciones indicando que entre 2024 y 2025, el gasto militar pasó de 27.000 a 39.000 millones de euros redondeando las cifras, lo que supone el 2.43% de nuestro PIB.
En realidad, estamos hablando en buena medida de un ejercicio de ingeniería contable, porque al ser la sociedad española una de las más pacifistas, todos los gobiernos se han preocupado de maquillar el presupuesto militar desviando partidas hacia otros ministerios. Ahora, se trata de hacer el camino inverso para reflejar en las estadísticas el mayor aumento posible sin reducir el gasto social. Estaríamos hablando de incluir las investigaciones de uso militar, las pensiones de jubilación de los militares, la inclusión de la Guardia Civil y las redes ferroviarias de potencial uso militar.
Cuestión aparte es la contratación de 12.000 nuevos efectivos para este año, un aumento real pero tolerable para la opinión pública y además muy conveniente, porque las revistas y portales especializadas dicen que nuestras FFAA son muy eficientes en el uso de sus recursos, pero quedan cortas de personal.
Esta misma tendencia a que los asuntos militares escapen al radar mediático y social, ha hecho que si por un lado se publicitan nuestras misiones internacionales y el buen hacer de la UME (Unidad Militar de Emergencias), por el otro lado se oculte que realmente somos una potencia militar media-alta, más aún si incluimos el valor estratégico de nuestro territorio.
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