Editorial-«Dios no escucha las oraciones de los que hacen la guerra» (León XIV)

En una de sus declaraciones más contundentes hasta la fecha, el Papa León XIV ha sacudido los cimientos de la retórica religiosa y política durante la misa del Domingo de Ramos de 2026. Al afirmar que «Dios no escucha las oraciones de los que hacen la guerra», el Pontífice no solo lanza una advertencia espiritual, sino que despoja a los líderes mundiales de cualquier pretexto sagrado para justificar el derramamiento de sangre.
 
El mensaje, pronunciado ante decenas de miles de fieles en la Plaza de San Pedro, llega en un momento crítico: el segundo mes del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, sumado a la persistente campaña en Ucrania.
Rechazo a la instrumentalización: El Papa fue tajante al señalar que nadie puede usar a Jesús, el «Rey de la Paz», para validar la violencia. Rechaza a la instrumentalización.

 Citando al profeta Isaías, recordó que aunque se multipliquen las plegarias, estas son rechazadas si provienen de quienes tienen las manos llenas de sangre.

Un Dios de luz, no de oscuridad. En la homilía subrayó que Dios no puede ser «reclutado por las tinieblas» para fines bélicos.

Esta postura marca un giro hacia una diplomacia del Vaticano más severa. Al declarar el «silencio de Dios» frente a los agresores, el Papa invalida el discurso de líderes que invocan su fe para presentar guerras como misiones nacionales o religiosas. Mientras rechaza las oraciones de los poderosos, eleva el «llanto de los oprimidos» y de las familias que sufren, y llama una vez más a la coherencia, «no basta con rezar si el acto se contradice con la destrucción de la vida».

En un mundo donde lo sagrado suele ser «accesorio del poder«, León XIV ha recordado que la verdadera fe no se encuentra en los templos de quienes ordenan ataques, sino en la búsqueda activa y dolorosa de la paz. 

En la Semana Santa Ferrolana

Es un momento propicio para que la Semana Santa de Ferrol, con su sobriedad y el profundo respeto que emana de sus calles, se convierta en un altavoz de ese mensaje de paz. En una ciudad con una raíz tan ligada a la historia militar y naval, las palabras del Papa cobran un matiz aún más reflexivo: la verdadera fuerza no reside en el estruendo de las armas, sino en la capacidad de detenerlas.

Mientras los tronos recorren la ciudad al ritmo de los tambores, ese «silencio divino» que menciona el Pontífice debería resonar en cada rincón.

Pedir por la paz es honrar la tradición con conciencia, «que el recogimiento de las procesiones sea un acto de solidaridad con quienes hoy viven bajo el estruendo de las bombas».

Que el fervor de las cofradías y hermandades no se quede solo en el rito, sino que se transforme en una petición unánime por el fin de los conflictos que hoy desangran el mundo.

Es tiempo de que, entre el incienso y la devoción, Ferrol eleve un ruego que Dios sí quiera escuchar: el de un pueblo que, con las manos limpias, pide el fin de toda guerra.

En esta Semana Santa ferrolana, que el redoble de nuestros tambores no tape el grito de quienes sufren la guerra  y siguiendo las palabras del Papa, recordemos que Dios no escucha a quienes empuñan las armas, sino a quienes buscan la concordia. Que el recogimiento de nuestras calles sea hoy nuestra oración más sincera por la Paz Mundial.

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