La guerra no tiene nada que ver con el posicionamiento ideológico, salvo en España–(Pedro Sande G.)

Pedro Sande García

En el momento en el que se publique este artículo desconozco en qué situación se encontrará la guerra causada por la invasión de los Estados Unidos e Israel en Irán. Los destinos de los tres países en conflicto están regidos por unos déspotas cuyo comportamiento irracional puede ser causa de cualquier tipo de despropósito. En cualquier caso, nada de lo que ocurra hará variar el contenido de esta crónica.

Nunca he pensado y tampoco creído, hago esta distinción entre pensar, acto racional, y creer, acto ligado a la fe, que el apoyo o la oposición a la guerra tenga algo que ver con el posicionamiento ideológico. La postura adoptada ante el comportamiento más atroz del ser humano no es una cuestión de ideología, es una cuestión de humanidad. Y utilizo el término humanidad en su acepción, según la RAE, de compasión, humanitarismo, piedad, misericordia, filantropía, consideración, benevolencia, caridad, bondad, sensibilidad, amor, altruismo y afabilidad. Esta es la razón por la que siempre he afirmado, afirmo y afirmaré NO A LA GUERRA. El militarismo, el ultranacionalismo, el
fascismo, el nazismo, el imperialismo o el fundamentalismo son doctrinas que apoyan el uso de la violencia y de la guerra como medio para conseguir sus objetivos. Convertirse en un adepto de estas ideas significa que la ideología ha degenerado perdiendo toda su legitimidad y transformándose en dogmatismo. Solo puedo justificar el uso de la fuerza en los casos de guerra defensiva, no me encuentro entre los seguidores de poner la otra mejilla.

¿Cuál es la razón de que considere la postura ante la guerra como una cuestión de humanidad y no de posicionamiento ideológico? Es bastante sencillo. No me gusta que asesinen, a miles, decenas de miles, centeneras de miles, millones de personas. No me gusta que millones de seres humanos tengan que abandonar sus hogares y sean desplazados y desarraigados en condiciones miserables. No me gusta que se destruyan los lugares sobre los que han construido la vida esos millones de seres humanos. No tengo ninguna duda de que la guerra es el mayor exponente de la degeneración humana.

Y digo no a la guerra, a las de antes, a las de ahora y a las del futuro. No hay nada que justifique la invasión de Ucrania, la masacre de Gaza, las guerras de Sudán, Yemen y Pakistán y la invasión de Irán. Las guerras invasivas nunca tienen como objetivo ni mejorar las condiciones de los seres humanos ni liberarlos de regímenes que no respetan los derechos fundamentales. Irak fue un ejemplo, Irán será otro. Nada justifica que los crueles ataques terroristas se respondan con el genocidio de un pueblo. El único objetivo de las guerras invasivas es el expansionismo, la acumulación de poder y riquezas o la exterminación del que es diferente.

En España las guerras también se han convertido en un tema donde prima el posicionamiento ideológico y por lo tanto de enfrentamiento entre diferentes bandos. En España la discrepancia ideológica se ha convertido en una batalla sin piedad. Hasta el gran dilema de la tortilla de patata, con o sin cebolla, es un motivo de confrontación.
Somos un país, la historia lo demuestra, donde el desacuerdo se trata con actitudes irracionales, continua descalificación, comportamientos groseros, violencia verbal y en algunas terribles ocasiones con violencia física. Irak, Ucrania, Gaza, Irán son ejemplos recientes de ese posicionamiento ideológico ante la guerra. Contiendas donde el derecho internacional ha sido pisoteado y donde los únicos objetivos de las masacres causadas por dichas invasiones han sido el expansionismo geográfico, la usurpación de las riquezas o el exterminio de pueblos enteros. Ese posicionamiento ideológico ante la guerra difiere de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno. La mal llamada guerra de Irán, lo correcto es decir la invasión de Irán, es un ejemplo de dicha diferencia. Francia, Italia, Reino Unido y Alemania así como la Unión Europea, con gobiernos de diferentes signos ideológicos, han mostrado su oposición a esta guerra. En España el gobierno y las fuerzas de izquierda son las que se oponen a este conflicto mientras que la derecha o se muestra partidaria o no aclara su postura. La guerra es tratada como una cuestión de
lateralidad ideológica y no como una cuestión humanitaria.

Cuando el debate ideológico es el que marca la defensa o la oposición a la guerra y el NO A LA GUERRA no es un grito unánime, ocurre que la degeneración de la ideología ha contaminado la defensa de la humanidad.

La ideología la marcan otras cuestiones donde cabe el debate político y la discrepancia. La forma de pagar impuestos y como gastarlos, la subida de las pensiones, el incremento del SMI, el gasto social, la defensa de la igualdad de derechos de todas las personas, la postura ante la violencia de género, el respeto a la diversidad, las formas de salir de una crisis económica (crisis financiera o crisis COVID), la opinión sobre el matrimonio homosexual, servicios públicos o privatizados, el aborto, la ley de eutanasia o la opinión sobre el cambio climático.

Termino reafirmando mi apoyo con esas cuatros palabras, con ese grito de NO A LA GUERRA. No consiento que mi posicionamiento ideológico contamine la defensa de la humanidad.

Cuídense mucho.

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