Pedro Sande García
Si viajan ustedes a Bruselas, uno de los lugares emblemáticos que podrán visitar es la plaza de Robert Schuman. Un espacio donde dos grandiosos edificios les darán la bienvenida a la capital de Europa, el edificio Berlaymont que alberga la Comisión Europea y el edificio Europa sede del Consejo de la UE. Dos construcciones modernas y vanguardistas que parecen estar allí para mostrar el poderío, hoy bastante debilitado, de la Unión Europea. Una de las formas de llegar es viajando en la línea 1 del metro que les dejará en los subterráneos de la plaza. Antes de acceder a la superficie se sorprenderán al observar a las personas que habitan el subsuelo. Colchones, mantas y unos pocos enseres son todas las propiedades que acompañan a los que tienen por único hogar los pasillos que conforman las entrañas de la capital de Europa. Si observan con detenimiento también les llamará la atención la insensibilidad con la que miles de transeúntes cruzamos a través de un submundo que hemos hecho invisible para nuestras conciencias. Opulencia y miseria a la vez.
Una de las ciudades más carismáticas y recomendables de Europa para visitar durante las fechas navideñas es Estrasburgo, denominada la ciudad de Noel es reconocida como uno de los lugares con los mercados navideños más espectaculares de Europa. El alumbrado de la ciudad así como el decorado exterior de los escaparates convierten la visita a Estrasburgo en un viaje mágico en la época navideña. Además de los múltiples mercados donde se puede degustar el famoso vino caliente y la gastronomía alsaciana hay un lugar emblemático que representa esa magia navideña, la plaza Kléber. Allí se encuentra el elemento más representativo de la navidad estrasburguesa, el árbol
de Navidad, Le Gran Sapin, un gran abeto natural de 31 metros de altura, el más alto de Europa en el año 2025. Se tarda un mes en su instalación y posteriormente, entre el 26 de noviembre y el 5 de enero, nos sorprenderá su espectacular decoración y su impresionante juego de luces y de música. Miles de turistas se arremolinan alrededor del árbol para inmortalizar su presencia con fotos, videos y selfies. En uno de los soportales que rodean la plaza, a menos de 10 metros del árbol, una decena de indigentes, allí viven todo el año, se acurrucan en sus colchones y mantas. Al pasar a su lado se percibe el olor a pobreza y olvido. A ellos nadie les hace fotos, ni siquiera les miramos. Opulencia y miseria a la vez.
Madrid, parque de Eva Duarte, plaza de Manuel Becerra en el distrito de Salamanca donde las tiendas y restaurantes de lujo son parte esencial del barrio, donde la milla de oro es un lugar de vista obligada para los nuevos y viejos ricos. Allí, en el parque, un grupo de sin techo lo han convertido en su lugar de residencia, con cartones y
lonas han construido su pequeño refugio en el que sobreviven gran parte del año. Durante el día se asientan en los bancos que tienen vista a la iglesia de Nuestra Señora de Covadonga. Opulencia y miseria a la vez.
Este contraste entre opulencia y miseria no es exclusivo de Bruselas, Estrasburgo y Madrid, tampoco de las grandes capitales, en cualquier ciudad de nuestro entorno podemos observar la enorme desigualdad y la exacerbada brecha que separa riqueza y miseria. Conforme escribía este artículo me surgió una cuestión, ¿Es un hecho aislado que se produce en un momento puntual de la historia?, la respuesta solo puede crearme cierta desafección sobre el ser humano. Lleva ocurriendo desde el inicio de nuestros tiempos como parte del complejo mundo que hemos creado.
Me imagino que si les digo que hagan un ejercicio de recuerdo histórico, aquellos que tengan la capacidad de hacerlo no encontrarán ningún momento en el que no les aparezcan imágenes o reseñas con el incómodo contraste entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada. Utilizo el adjetivo incómodo ya que como integrante del grupo
humano que ha sido capaz de mantener la desigualdad, la pobreza y la miseria solo puedo sentirme avergonzado. Nos podemos refugiar en el consuelo de que al fin y al cabo que podemos hacer cada uno de nosotros para resolver este problema, también hay quien tranquiliza su conciencia con el tintineo de unas monedas.
No quiero abrumarles con cifras pero permítanme que les deje unos datos que reflejan como se comportan los seres superiores de la naturaleza. El 10% de la población mundial posee el 75% de la riqueza, algo más de 800 millones de personas viven en la pobreza extrema y se estima que alrededor de tres millones de niños mueren al año por causas de hambre y malnutrición.
¿Hay esperanza?, de nuevo si repasamos la historia podremos comprobar como ninguna evolución y ninguna revolución ha conseguido eliminar esta enorme sinrazón, al fin y al cabo todos los cambios y todas las revoluciones las realizan quienes ansían el poder para satisfacer su codicia y ambición.
Escribió José Saramago en su obra Levantado del suelo, ‘’Siglos se tardó en llegar a esto, ¿quién duda de que permanecerá así hasta la consumación de los siglos?’’.
Discrepo de la primera parte de esta cita, no se tardó siglos en llegar a esto, se llegó en un instante, el mismo instante en el que el ser humano se posó por primera vez sobre el universo. Aquí hubiera finalizado esta crónica pero una nueva cita del autor portugués me lo impidió. ‘’El arma grande y decisiva es la ignorancia. Es conveniente que nada sepan, ni leer, ni escribir, ni contar, ni pensar, que consideren y acepten que el mundo no puede ser cambiado, que este mundo es el único posible…’’. Palabras que me hicieron reflexionar sobre la falta de esperanza que yo les he mostrado. Les confieso que me he sentido avergonzado de pensar que me había convertido en uno de esos ignorantes que han aceptado que el mundo no puede ser cambiado y que permanecerá así hasta el fin de los siglos. La confrontación entre mi lado racional y el emocional han hecho que me retorciera sobre mis propias ideas. Son las dos caras del cerebro que nos permiten enriquecer nuestro pensamiento y alejarnos de la ignorancia que menciona José Saramago.
Terminaré con una referencia a dos fechas históricas, 5 de mayo y 14 de julio de 1789, comienzo de la revolución francesa y toma de la Bastilla. Sin duda un acontecimiento histórico que permitió que hoy en día la brecha de desigualdad y el abuso de poder se hayan reducido en nuestro entorno más cercano. Las grandes y las pequeñas
conquistas de libertad y de igualdad deben alejarnos de caer en la ignorancia que nos hace ser complacientes con la idea de que el mundo no puede ser cambiado.
Cuídense mucho.
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