Lecciones de España para Venezuela–(Enrique Barrera Beitia)

Enrique Barrera Beitia
Merece la pena volver al tema venezolano por la cantidad de parientes que los gallegos tenemos allí, y para que desde una parte de la izquierda española, dar una lección a la otra parte que despotrica contra nuestra “fallida transición democrática”.

El cambio de una dictadura a una democracia puede darse mediante el uso de la fuerza o por un pacto entre las partes. Lo primero ocurrió en Portugal y lo segundo en España, donde el ejército permanecía fiel al dictador. Apenas encontramos en la historia casos como el de nuestra transición, pero es obvio que Venezuela debería seguir el camino español.

Una ruptura democrática en España exigía el descabezamiento del Ejército y la disolución de la Policía Armada y de la Guardia Civil. Más allá de cambiar el uniforme y los nombres, habría que juzgar a los torturadores policiales y a los mandos militares que en 1936 participaron en el golpe de estado y la posterior guerra civil, además de despedir a los falangistas que copaban el 35% de los empleos en ministerios, tribunales y organizaciones estatales. Pero… ¿quién iba a ejecutar esta depuración? ¿El propio Ejército? ¿Un ejército invasor? Las mismas respuestas se dan para el caso venezolano, dado que sus fuerzas armadas han permanecido leales al régimen y que EEUU no invadirá el país.

Además, cualquier dictadura prolongada en el tiempo cuenta con un apoyo social, que no por minoritario deja de ser importante. Entre 1975 y 1980 el franquismo contaba con el apoyo aproximado del 25/35% de la población, y algo parecido pasa en Venezuela, así que la única alternativa es el pacto entre unos y otros.

Exigencias para una transición pactada; una ley de Amnistía y elecciones

Al igual que en España, lo primero es tener interlocutores válidos, o dicho de otra manera, el sector pragmático del chavismo encabezado por Delcy Rodríguez, tiene que orillar al sector más radicalizado liderado por Diosdado Cabello. Tiene que haber una ley de amnistía que tranquilice a militares, policías, jueces y demás funcionarios, garantizando su continuidad en algunos casos, y el cobro de la pensión de jubilación en otros, tal y como se hizo en España por mucho que nos doliera a los que en aquellos años militábamos en la clandestinidad. Como contrapartida, tiene que pactarse una nueva Constitución y unas elecciones que permitan gobernar a quién las gane.

Salta a la vista que los actores venezolanos deben estudiar y apoyarse en nuestra experiencia, y de rebote, cierta izquierda debe ver en los acontecimientos del país caribeño las dificultares reales que tuvo que sortear la oposición democrática española para alcanzar un acuerdo, que se me antoja exitoso dadas las circunstancias, pues la izquierda ha gobernado 25 años y la derecha 15, y los cambios son indiscutibles.

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