Juan Cardona Comellas
Hay hecatombes que, por su magnitud, con pérdidas de vidas humanas, aconsejan ser prudentes en la exigencia inmediata de responsabilidades por respeto a las familias de las víctimas que a su dolor tienen que sumar el ser utilizados políticamente por la oposición al partido encargado de la vigilancia, supervisión o mantenimiento de los equipos o de los entornos en donde se produce el desastre. Eso no quiere decir que, una vez que se pongan los medios para atender urgentemente a los damnificados, se actúe sin fanfarrias ni publicidad y se exija el inicio de una investigación seria en demanda, primero de saber lo que realmente pasó, segundo saber los motivos porqué pasó y sabido todo eso emprender las acciones pertinentes para solucionar que en un próximo futuro inmediato no se reproduzca o repita la catástrofe; después vendrán las exigencias de responsabilidades penales, caso de haberlas, o simplemente las políticas.
La realidad nos hace ver que todo lo anterior no se cumple; aunque inicialmente todos quieren salir en la foto en apoyo a las afectados. Se involucra en ello al jefe del Estado, al Gobierno de la nación y al autonómico de turno, aunque para algunos sea la primera y última vez que visiten el lugar de los sucesos.
Una cuestión que se suele repetir en todas estas situaciones: una vez pasados los primeros días los políticos irresponsables tienden a borrar de su agenda, o postergar sine die las correcciones o acciones necesarias para evitar
que se reproduzcan estos escenarios, en ocasiones verdaderamente dantescos.
En lo referente a los fallos materiales de los equipos o instalaciones, el político de turno muestra el propósito, de cara al exterior, pero no la voluntad efectiva de hacerlo, quizás por falta de presupuestos para acometerlos, por
simple negligencia personal o lo que es peor su falta de formación le impide tomar decisiones acertadas. En lo relacionado con las causas en las que la naturaleza imponga su fuerza, no hay que ser muy docto para saber que los
cauces y barracos hay que mantenerlos, que los montes necesitan acciones de limpieza constantes, que los planes urbanísticos deben evaluar el riesgo de permitir construir en zonas próximas o limítrofes a esas áreas, conjugando el ecologismo real con las necesidades de expansión dejando a un lado a esos falsos progresistas que en realidad son sencillamente inmovilistas disfrazados: hay que ponerse a trabajar pensando realmente que las inversiones a realizar tienen que ser técnicamente de carácter plurianual: por lo que es necesario tener aprobados los presupuestos generales del estado en los que se recojan claramente las partidas necesarias y no se dejen al albur del «politiquillo» de turno que solamente actúa a corto plazo olvidando que «el mañana» necesita igual atención.
La solución a todo este embrollo lo podrían solucionar unos políticos serios con conocimiento en las áreas de las que son responsables con unos presupuestos actualizados y unos programas a medio y largo plazo; circunstancias que en la actualidad no se dan… Un volcán, una DANA, unos incendios incontrolados, unos accidentes y hasta un terremoto son los testigos de tanta ineptitud. Así va el país.
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