Marcos López Balado
En los últimos tiempos, se ha repetido hasta la saciedad que el gran interés de Donald Trump en Venezuela gira en torno a quedarse el petróleo. Que todo esto se trata de un robo. Es verdad que las palabras Donald Trump no ayudan a hacer pensar en otra cosa, pues desde sus primeras declaraciones no ha tenido reparo en mencionar una y otra vez la palabra “petróleo”, pareciendo dejar claro a todo el mundo que esa es la pieza central del tablero. Pero aquí me surge una pregunta razonable: ¿no es demasiado evidente? Es decir, quizá, si el verdadero objetivo fuera únicamente apoderarse del petróleo venezolano, Trump no lo expondría de una forma tan descarada.
Yo no digo que no influya el petróleo, aunque creo que también puede haber otros motivos. No obstante, en este artículo, y ya que parece ser el centro de todo, voy a intentar plasmar de qué manera puede influir el petróleo en todo esto, que igual no es lo que todo el mundo piensa.
Antes de seguir con interpretaciones, conviene hacer un pequeño ejercicio de realidad. A menudo nos quedamos con la narrativa más repetida, pero vamos a detenernos un momento en los datos concretos sobre el petróleo venezolano. Es cierto que Venezuela posee alrededor del 17% de las reservas de petróleo mundiales. Sin embargo, su producción actual apenas representa cerca del 1% del petróleo que se consume en el mundo. Además, el petróleo venezolano es mayoritariamente pesado y extrapesado, con un alto contenido de azufre, lo que lo hace más difícil de refinar. Por otro lado… ¿sabéis quién es el principal productor mundial de crudo? Pues Estados Unidos mismamente. Así pues… ¿realmente necesita ese otro petróleo de peor calidad?
Pues teniendo en cuenta que apenas hay refinerías en EEUU que estén especializadas en ese tipo de crudo, y que recuperar la estructura petrolífera venezolana no es algo que se pueda lograr en un año o dos, podría llevar tres, cuatro o incluso cinco años, eso significa que cualquier beneficio real no se vería dentro del mandato de Trump, lo que implica que él no podrá capitalizar políticamente esa operación a corto plazo. Por no hablar que casi todas las petroleras ya rechazaron tener interés en hacer inversiones en un país de gran inestabilidad, que no se sabe si va a haber una guerra, si va a haber más expropiaciones, etc.
A la vista de todo lo anterior, cabe preguntarse si el objetivo real es quedarse con petróleo venezolano o si simplemente se trata de una herramienta para conseguir otro objetivo. Quizá el foco en el petróleo sea solo la punta del iceberg de una estrategia más compleja.
En los últimos años hemos visto cómo las sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos han reducido el espectro de clientes dispuestos a comprar petróleo venezolano, forzando a Venezuela a venderlo con fuertes descuentos. ¿Adivináis quién ha sido el principal comprador?: China. Eso además de regalarle el petróleo a Cuba… y no he visto a nadie en el mundo quejarse de que el pueblo venezolano viva en la miseria mientras otros países se aprovechaban de este recurso. Pero ojo, porque el tema chino es importante para este análisis, porque esto mismo ha sucedido con el petróleo ruso tras la invasión de Ucrania, y con el petróleo iraní. lo que ha permitido a China acceder a energía barata y potenciar su crecimiento económico por encima de lo normal.
Así pues, si Estados Unidos no necesita realmente el petróleo venezolano para su propia economía, la motivación puede ser debilitar los privilegios que ha estado obteniendo China, el principal rival geopolítico de Estados Unidos. Además, al intervenir en Venezuela, Estados Unidos también reduce el suministro de petróleo barato a Cuba, otro adversario en su esfera geopolítica. De este modo, se anota un doble tanto estratégico.
Y finalmente para acabar, asesta otro duro golpe al otro gran rival geopolítico: Rusia. Manifestó Trump su deseo que el petróleo baje hasta los 50 dólares el barril, lo que sería todo un hito ya que hace casi 20 años que no se mueve en ese umbral. Y para hacerlo tiene que conseguir aumentar la producción mundial, pactada con otros aliados yanquis como Arabia Saudí y… recurrir a las mayores reservas mundiales: las de Venezuela. Rusia ya está vendiendo su petróleo a China con descuentos de entre un 15% y un 25%, lo que acerca a Rusia a venderlo al precio de coste de producción. En caso de producirse nuevas bajadas más del precio global, Rusia estaría perdiendo al producir y su economía podría colapsar (más aún).
Así pues, y a pesar de que puede haber más factores, esto es lo que creo que sucede con el petróleo. No lo quiere “robar” Donald Trump. De hecho, ya anunció que se vendería a cualquier país que lo quisiera y que el dinero sería para Venezuela. Lo que será una novedad, porque hasta ahora el crudo venezolano ha servido para beneficiar a China, a Cuba, y a los cabecillas del chavismo, pero no al pueblo. Y los que ahora se rasgan las vestiduras, antes callaban
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