Informar, opinar y manipular. Los medios de comunicación independientes son una quimera

Pedro Sande García

 

Comencé a escribir este artículo a finales del mes de febrero, lo hice en una de mis caminatas diarias cuando en el tiempo de reposo, además de practicar la contemplación de los seres vivientes, todo lo que me rodea lo es incluso las piedras, la imaginación me lleva a escribir algunas palabras que se suelen convertir en el contenido de una crónica. En dichas caminatas el ejercicio de escritura lo realizo en una de las múltiples aplicaciones del teléfono móvil, ninguna de ellas está pensada para ello lo que hace necesario una posterior transcripción en el ordenador para darle la forma que un artículo requiere. Durante un mes, hasta la penúltima semana de marzo, la crónica se  quedó en estado de hibernación. Cuando la retome coincidió que el ambiente periodístico en nuestro país se había rebajado al mismo nivel pendenciero que el ambiente político.
Pude haber cambiado el título del artículo añadiendo palabras como matones y macarras.
Menos mal que solo han sido dos casos aislados, me refiero al mundo periodístico ya que el político sigue envuelto en una atmosfera turbia y chabacana. En concreto ha sido un comunicador, no me refiero a él como periodista ya que no merece dicho calificativo, que ha propuesto el uso de la fuerza contra otros compañeros de profesión, y el de un responsable político de comunicación que no solo ha amenazado a diversos medios periodísticos sino que también se ha dedicado a lanzar bulos y mentiras que han sido reconocidas por el mismo y que no han supuesto ningún tipo de rectificación ni sanción, ni mucho menos dimisión o cese de su cargo. Me tienen que perdonar por haberme extendido en exceso sobre esta cuestión, la cerraré, ya que además de que han sido dos casos aislados, no merece la pena bajar al mismo barro pestilente en el que se mueven estos personajes, por respeto a ustedes lectores, a este diario y a mí mismo.

A partir de este momento pongo el contador a cero y retomo la crónica tal como la había encabezado en el sosegado reposo que me proporcionó un asiento en el parque del Retiro Madrileño. Comienzo con los titulares que para la misma noticia habían presentado dos diarios en su edición digital. En uno de ellos se muestra como primera noticia y en el segundo caso se podía encontrar después de navegar por sus líneas.

«La fiscalía denuncia a la pareja de Ayuso por defraudar 350.951 euros a Hacienda» y «La fiscalía denuncia a la pareja de Ayuso por un presunto fraude fiscal de 350.951 euros» son los dos titulares donde aparte de la diferencia, nada sutil, del lugar donde estaba insertada la noticia, hay una diferencia, no menos sutil, de redacción. En los dos casos se comienza de forma idéntica hasta llegar al verbo del delito, «defraudar» en un caso, «presunto fraude fiscal» en otro. La mezcla de ambas diferencias tienen la suficiente contundencia que permite averiguar la tendencia política de ambos diarios y, a la vez, consigue que la percepción por parte del lector sea diferente.

Pensar que los medios de comunicación son independientes es una quimera, y me refiero tanto a los que pertenecen a grandes grupos editoriales como a los que se vanaglorian de su independencia por no someterse a conglomerados de comunicación.
No es la dependencia económica la que marca la tendencia de un medio, la tendencia la marcan las personas que elaboran la información y generan opinión en dichos medios.
Personas que piensan y sienten y que por lo tanto es imposible que sus reflexiones se abstraigan de sus propias inclinaciones y simpatías. Esa forma de pensar es la que marca la línea editorial, la cual ni es ni puede ser independiente. El objetivo de los medios de comunicación es informar y opinar. La información es la única que debe de ser independiente, pero la opinión ni debe ni puede ser imparcial. Esa diversidad de opiniones nos permite contrastar nuestro propio criterio y es un elemento que enriquece nuestra tolerancia. La discrepancia y las diferentes tendencias ideológicas son enriquecedoras, la unanimidad siempre ha sido sospechosa. Seguro que cada uno de ustedes tiene sus preferencias en cuanto a los medios de comunicación que leen a diario, pero es positivo
echar vistazo a aquellos medios de los que nos sentimos alejados. Yo intento hacerlo, siempre con la línea roja de aquellos que usan el insulto, la descalificación, la violencia y el matonismo como medio para informar y opinar.

A partir de un hecho, en este caso una «acusación por presunto fraude», en el momento que comienza la interpretación del mismo es cuando desaparece la independencia y la información se convierte en opinión. En un mundo ideal la frontera entre información y opinión debería ser muy clara, pero en el mundo real esa línea
divisoria se ha diluido mezclando los dos conceptos. ¿Conocen algún medio de comunicación que distinga con claridad cuando están informando y cuando están opinando? Mezclar información y opinión es la puerta de entrada a la manipulación, algo que se ha convertido en la principal línea editorial de algunos medios informativos. No
debemos olvidar que quienes escriben y redactan los contenidos son personas reales, hasta que sean sustituidos por la IA, lo que los convierte en cómplices de esa manipulación

Les dejo a continuación la definición que la RAE hace del término manipular. Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia y al servicio de intereses particulares. Intereses tanto económicos como ideológicos y políticos.

En los últimos años la evolución de la tecnología ha permitido pasar de un pequeño grupo de personas publicando información y opinión y millones de personas consumiéndola, a que seamos millones, les incluyo a ustedes también, los que la elaboramos y la publicamos. Situación enriquecedora, sin duda, pero que también dificultará el poder discernir entre información y opinión, y por lo tanto facilitará la manipulación de lo publicado con el objetivo, como dice la definición de la RAE, de servir a intereses particulares. Será necesario que desarrollemos, a nivel individual, una nueva habilidad que nos permita aprender a vivir con el exceso de información y distinguir lo
adulterado y falsificado.

Me despido de ustedes asegurándoles que mis crónicas pasadas y presentes son generadas por una persona de carne y hueso, incluso las futuras también. Tengan cuidado con la IA, también sería capaz de escribir esto último lo que, de ser así, convertiría mi frase de despedida no en una manipulación sino en una clara mentira.

Cuídense mucho.

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