Las huelgas generales ya no son lo que eran, por fortuna. Ya no se hacen contra los empleadores (antes los patronos o los amos) sino contra el Gobierno. Es decir, son huelgas políticas. En Alemania o en Estado Unidos están prohibidas. Es un buen expediente. Los huelguistas piden más gasto público, esto es, indirectamente, más impuestos y más deuda pública (ahora se dice soberana). Es decir, con ellos vamos a la ruina. Me quedo con este grito de una líder estudiantil: «Sí, hay dinero; lo tienen los banqueros». He visto pocos pareados tan estúpidos. El fundamento real de esta huelga y del rosario de manifestaciones es el convencimiento de que la derecha no tiene legitimidad para gobernar. Ya se ensayó esa actitud en la República, lo que provocó la guerra civil. Estamos aviados. Vale.
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