La memoria contaminada del crack Filgueira y la raza de Paco Yglesias en el Lar Gallego de Sevilla

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Filgueira, de pie en el centro,  al lado de Carballo Calero (con sombrero ) en el Seminario de Estudos Galegos

Aunque he estado presente estos meses en Galicia Ártabra con alguna crónica y unas cuantas críticas de arte, que han sido muy leídas, se quejan mis lectores que hace tiempo que no escribo mi columna “personal”. Y aunque haya tardado un poco, os voy a contar lo acontecido y vivido en el Lar Gallego de Sevilla en la conmemoración del Día das Letras Galega que homenajeó a Filgueira Valverde con una conferencia. Yo lo conocí de niña en la Pontevedra de los 60, cuando paseó conmigo por las salas del Museo pese a sus importantes ocupaciones y mi corta edad por deferencia hacia mi padre, Manuel Luis Fidalgo, que había colaborado con él en la localización de unas pinturas.

El acto comenzó con una actuación de dos gaiteiros que “pusieron en situación” a todos los allí presentes y que a algunos nos ató un nudo en la garganta, ese que sale cuando estás lejos y te das cuenta de que estás “lonxe do teu lar”.  La conferencia corrió a cargo del periodista Xosé Antón Gaciño.

El presidente del Centro Gallego, Don Alfredo Otero, explicó con detalle el periplo del periodista que en los 80 tuvo una importante trayectoria en la prensa gallega, hasta que trasladó su actividad a Canal Sur Televisión.

Gaciño, gaditano, pero hijo y padre de gallegos, hizo una extensa semblanza de Filgueira y su espectacular trayectoria científica y literaria en la cultura gallega. Todo un monstruo del trabajo y el conocimiento.

Antes de los 30 había sido Fundador del Seminario de Estudos Galegos (Institución creada en plena Dictadura de Primo de Rivera y no en la República), miembro de la Real Academia Galega, autor de un diccionario bilingüe, figura destacadísima del Partido Galeguista, y ponente en la Universidad de Santiago de las primeras disertaciones de Literatura Galega de la Historia. En el franquismo fue el responsable de que se  permitiera a los primeros niños de Galicia el uso del gallego en Preescolar y en la extinta EGB.

Un auténtico polígrafo que abarcó disciplinas varias con profundidad y erudición: arte, arqueología, epigrafía, folklore musical y literario, antropología, bibliografía…  y que hoy sigue siendo la máxima referencia académica en su especialidad: la lírica medieval gallego-portuguesa, aparte de ser  un reputado experto en Rosalía, Camoens o Cervantes.

Gaciño, aunque dejó vislumbrar a lo largo de su conferencia su talante progresista, (en el 77 fue víctima de una sonadísima detención acusado sin pruebas de ser algo tan grandilocuente como Secretario Xeral del Partido Comunista), hizo una disertación bastante centrada y sin excesiva “sangre” en la controvertida polémica que liderada por “A Mesa de Normalización”  se ha desencadenado por el nombramiento de Filgueira, y que el comunista Alonso Montero denominó muy gráficamente como “a caza do home”.

Una polémica basada en defenestrar a  Filgueira -algo por cierto que es casi “físicamente” imposible (nada menos que 4533 libros, artículos y  conferencias magistrales relacionadas con la literatura y cultura gallega)- por su colaboración con el régimen franquista. Aunque no lo dicen tampoco le perdonan su actuación contra el lusismo corriente que defienden los nacionalistas.

En la valiente columna del delicioso Ferrol, Ferrol, donde eu nacín, Siro calificaba como “noxenta” esta campaña protagonizada por colectivos de sectarios que acusan a Filgueira de complicidades en crímenes como el de Alexandre Bóveda (su propia familia lo ha exculpado),  de implantar la celulosa (algo que no se hizo bajo su mandato sino del regidor anterior), y  que se han negado a celebrar en Pontevedra los actos conmemorativos preceptivos das Letras Galegas en su ciudad, una ciudad por cierto cuyo maravilloso casco histórico debe su supervivencia al propio Filgueira que lo protegió con firmeza mientras que tantos otros de ciudades y villas de su tiempo cayeron víctimas de la piqueta, así como de la existencia de uno de los mejores museos de España, y que es depositario, gracias también a Filgueira, de los fondos del tótem Castelao.

A estos  de “A Mesa” que consideran un insulto el nombramiento del polígrafo y estos “profesores” que se han declarado incluso insumisos  lo que son -es “imbéciles e oscuros que non ó entenden non”-  y ya les gustaría albergar entre sus correligionarios alguien remotamente cercano a la profundidad, brillantez, erudición y firme y fructífero compromiso con la cultura gallega de Filgueira Valverde. Comprobado está que Filgueira, aunque ocupó todo tipo de cargos en el franquismo, su pensamiento político se acercó siempre hacia los presupuestos ideológicos del galleguismo conservador más que a una ideología totalitaria. Jamás vistió la camisa azul y se negó a ser Jefe del Movimiento. Esto sumado a su protección a fuxidos, la decidida intercesión a favor de Otero Pedrayo en Orense, la concesión de la cátedra de gallego a Carballo Calero, confirman que está muy lejos del fascista que nos quieren hacer creer.

Y sí, Filgueira rompió con el partido galeguista en plena República por convicciones religiosas, (como Risco, Otero Pedrayo y otros) y llegado el momento de elegir entre un gobierno frentepopulista y un régimen respetuoso con el orden y su convicción de católico, se decantó por éste, y por este motivo, Xosé Gaciño, el conferenciante, no dudó en afirmar que “su memoria estaba contaminada”.

Aunque suela obviarse, y estos de “A Mesa” con  tergiversación histórica digan que “o franquismo dirixiu os seus ataques máis feroces contra a lingua e a literatura galegas”. Es el mismísmo Caudillo quien inaugura este homenaje a la Letras Galegas  en 1963, que inauguró Rosalía al cumplirse el centenario de «Cantares Galegos».

Y repasando los designados se advierte que hay nombres imbatibles, pero otros… Incluso hay algún autor que no escribió en gallego y sus obras fueron traducidas, (que es una de las excusas para no nombrar a los grandes).

Faltan ingentes personalidades como la Pardo Bazán, Valle Inclán, Camilo José Cela, Torrente Ballester o el Padre Feijóo, que hace incomprensible la cerrazón de quienes no reconocen como literatos gallegos a quienes más prestigian el nombre de Galicia. El caso más  flagrante es el de Emilia Pardo Bazán, a la que no dejaron entrar en la RAE por machismo a principios del siglo XX, pero hoy, aunque usan su casa como sede, no la homenajean en la RAG, por sectarismo.

Me disgustó profundamente saber en esta campaña sectaria había muchos ferrolanos, nada sospechosos de sectarismo, pero sí de cerrazón mental que echaban leña al fuego y  nada menos que tomaban a Carballo Calero como arma arrojadiza…  esgrimiendo que el nombramiento de Filgueira era un agravio al ferrolano. Merecimientos a Carballo, por supuesto no le faltan, pero Filgueira los posee muy superiores no sólo al propio Carballo, sino a la inmensa mayoría de los premiados en As Letras Galegas, lo que hace que en absoluto sea un agravio, sino un justísimo reconocimiento. ¿Por qué no chistaron otros años  cuando dedicó a artistas inverosímiles como Lois Pereiro, gran poeta de la movida -que todo hay que decirlo, me gusta muchísmo, pero cuya trayectoria literaria apenas superaría  la dimensión de un suplemento dominical.

Y es que la cruda realidad es que la mayor parte de las concesiones suelen atender a factores extraculturales. Léase el caso del nombrado Lois Pereiro, que hablando en plata tiene un hermanito muy bien posicionado en el ambiente.

En fin, en la ronda de preguntas de la conferencia, manifesté con  pasión y vehemencia mi intensa admiración por Filgueira, que califiqué  como “un crack” y ya que estábamos allí quise resaltar sus méritos en relación a Andalucía, como el haber sido depositario del único poema autógrafo en gallego de García Lorca y su condición de máximo especialista en Alfonso X el Sabio, el de las Cantigas y uno de los Reyes más estimados en Sevilla, que premió su lealtad con su símbolo institucional (el  precioso no-ma-dejado) .

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Símbolo oficial de Sevilla

Y  para que no pensaran que Filgueira era un rancio, aproveché para recordarel interesante episodio en el que Alan Lomax, el musicólogo comunista norteamericano llega a Galicia perseguido por el macarthytismo, y ayudado por el “fascista” Filgueira recupera canciones tradicionales entre ellas una alborada gallega tocada por un afilador orensano que grabará posteriormente el genio del jazz el gran Miles Davies en su disco Sketches of Spain que también incluiría una soleá andaluza. En este disco  participarán músicos de la talla de Al di Meola y Chick Corea -que algunos de más de 50 recordarán cuando hacían tripletes con Paco de Lucía o  John McLaughlin.

Acostumbrada ya a que cuando el personaje esté vinculado a la derecha lo condenen al ostracismo, pasen de puntillas, o intenten justificarlo al máximo (“iban obligados”, “tenían miedo”…), como soy políticamente incorrecta, no pude menos que protestar al conferenciante por la expresión “memoria contaminada”. Qué curioso que en el caso de las izquierdas nadie osa hablar de tal “contaminación”, y aunque no lo dije para no ser desagradable, pensaba en el archihomenajeado Rafael Alberti y sus Odas a Stalin (al que llama Padre y Maestro) y su participación directa en “depuraciones” políticas y en abyectas checas republicanas (algo denunciado entre otros por la nada sospechosa de derechismo fundación Andres Nin) y que jamás ser cuestionado.

Aunque me hubiera gustado como ferrolana, no conté cómo es Filgueira quien descubre que el gran Rossini compone su “Stabat Mater” por encargo del clérigo ferrolano Fernández Varela, al que se le debe la costumbre de tomar arroz con leche el día de San Julián,  ya que dejó su herencia al pueblo ferrolano para que no faltara este plato en ningún hogar el día del patrón, algo que sabemos gracias a que lo escribió Filgueira.

Mientras pensaba en la historia del arroz con leche, me dio un sobresalto al ver en un lateral un grupo de lienzos que enseguida reconocí como “propios”.

Ahí estaba la pincelada grumosa y el colorido atinado de Paco Yglesias, aunque ninguno mostraba esas deliciosas gamas turquesas de sus marinas con oleaje, y dominaba una paleta terrosa de ocres y verdes… Entre ellos sobresalía un lienzo soberbio, espectacular y de enormes dimensiones. Una vista panorámica de la playa de Pantín que era toda una sinfonía de espacios de mar, montaña y arbolado de una fuerza increíble. Uno de los mejores  Yglesias que jamás hubiera visto. Un paisaje que tuvo el poder de transportarme y que tan en consonancia estaba con el tema que trataban… ese Filgueira que tanto creía en la raza y la nación galega: un universo espiritual y cultural. La fuerza del cuadro era perfectamente explicable…»Los artistas de más pura y ostensible racialidad emocional y técnica, son los gallegos. Muestran en la expresión, en la dicción pictórica, en su inspiración el ímpetu de la raza. Así: de la raza» (Estevez 1929). Y como decía Torrente “El  paisajismo ferrolano pertenece a un orden de cosas -las cosas del espiritu–nada desdeñable…”, Y en esto de las cosas de espíritu, sentí como gallega y ferrolana el poder del cuadro de Yglesias.

Porque todos aquellos que vivimos en el siglo pasado en Ferrol “se nos educó  el ojo” a los paisajistas ferrolanos… que tan bien retrataron “la raza gallega” a través de la naturaleza… En la mayoría de las casas había algún Vilela, Carmelo, Collado, Villaamil y muchos tenían Yglesias, ya que destinaba muchos de sus cuadros para  obsequios domésticas. Me contaron después que había expuesto en la década de los 50 en Sevilla  y eso explicaba la desigual calidad de los lienzos….  (Sé fehacientemente que con la praxis galaica cuando un pintor gallego regala un cuadro, regala el peor que tiene a mano). Sin embargo, el cuadro de Pantín era una gran excepción.  La fotografía no le hace justicia.

Salí encantada por mi apasionada defensa del gran Filgueira y la localización de esos Yglesias hasta la fecha desconocidos, pero el cuadro espoleó mi conciencia y me prometí que algún día tendría que escribir sobre Carmelo uno de mis favoritos, pero también sobre Vilela el gran poeta de la espátula y de Paco Yglesias, el artista que a mil kilómetros de su tierra estaba dejando con sus pinceles todo el testimonio de Arte, Terra e Pobo, la simbiosis que tanto predicaron los grandes hombres de Galicia, aunque ningún erudito jamás le dedicara una sola letra.

Seguro que a Filgueira, el vello profesor le gustaría saber que medio siglo después, en su Día das Letras Galegas, la niña de Fidalgo a la que enseñó los cuadros aquella mañana sesentera de Agosto comenzaría a escribir sobre esos grandes pintores ferrolanos que tanto defendió su padre y que todavía están esperando su merecido reconocimiento.

 

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Yglesias en el Lar Gallego de Sevilla

 

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2 comentarios

  1. Magnífico artículo, Maria Fidalgo Casares. No solo no es largo, sino que se hace corto. Y la defensa de Filgueira, apasionada pero acertad a en todos sus extremos. Sin perder tu «media manzana» andaluza, tus escritos rezuman galleguidad, ansia de dar a conocer a tantos genios gallegos, tan desconocidos en una tierra que nunca trató bien a sus hijos. No solo emigraron gentes del campo u obreros, también tuvieron que emigrar o exiliarse importantes escritores, poetas y pintores.
    Te felicito, Maria, en mi modestia e ignorancia, por la valentia que pones a ese lado gallego que heredaste de tu padre y que te honra y nos honra a los gallegos.

  2. maria fidalgo casare

    Muchas gracias Aurelio.. estas columnas que mezclan histora de Ferrol, alguna que otra vivencia infantil, y como siempres opiniones politicamtente poco correctas que escribo para Galicia Artabra, son en las que dejo más corazón, aunque no sean de mis publicaciones más leídas.. Y aunque es cierto que me dicen que caa vez me parezco más a mi padre..el lado gallego también me viene de mi familia materna que aunque dedicados a la Ciencia aportaron grandes cosas a la Historia de Galcia