La nueva retórica tiene consecuencias

Amando de MiguelAmando de Miguel

Muchas veces comentamos aquí lo divertido que resulta el politiqués y otros dialectos del mundo público. Pero el asunto tiene luego consecuencias para la vida diaria de los contribuyentes, del vecindario, por mucho que nos llamen ciudadanos. Agustín Fuentes da cuenta de la inminente entrada en vigor de un oscuro real decreto sobre «la eficiencia energética de las viviendas». La cosa procede de las directivas intervencionistas bruselenses, en este caso de los argumentos «ecobobológicos«, una demostración de «lo mal que gastamos (nuestro dinero) pagando a una panda de vagos inútiles, tendenciosos y sectarios», como son los eurócratas. El citado decreto nada menos que se propone conseguir que los edificios tengan un consumo de energía «casi nulo”. Ese objetivo caprichoso y difuso se tiene que conseguir en 2020, se supone que cuando seamos escaparate de los Juegos Olímpicos. Naturalmente, el coste de la adaptación de las viviendas para lograr ese objetivo del “casi nulo” consumo energético lo pagaremos los “paganos”. En el entretanto, va a empezar a ser “obligatorio disponer del papelajo con la elusiva clasificación para poder alquilar, vender o comprar un inmueble”. Hay que suponer la maraña de registros, controles e inspecciones para conseguir ese progreso del consumo energético “casi nulo”. Me veo quemando poco a poco mi biblioteca para mantener caliente la chimenea. Es una fuente de energía alternativa bien barata. Todo sea por la sostenibilidad.

David Mariñas me envía un cortometraje de propaganda cívica para la televisión. Se trata de un remedo de tertulia política que llevan a cabo cuatro niños. Para imitar bien a los mayores, los infantes solo emplean lugares comunes y al final no hablan de nada. El corto se titula Por activa y por pasiva. Es lástima. Han perdido la oportunidad de que se llame Por activa, por pasiva y por perifrástica. De esa forma habrían completado los niños el lenguaje tertulianés de sus mayores.

A propósito de la crítica al politiqués, acepto la crítica que me hace Emilio Soria. Escribía yo: «Un ejemplo menor. Traté mucho a Luis de Guindos…». Don Emilio sostiene que tendría que haber puesto así la frase: «Un ejemplo menor: traté mucho a Luis de Guindos…» Bueno, me pasé de listo. Había puesto un verbo elíptico al escribir «[Daré] un ejemplo menor”. No se pueden hacer piruetas de estilo. Don Emilio remacha con ánimo crítico: “Usted no utiliza nunca el punto y coma como signo ortográfico». Caramba, no me había dado cuenta. Creía yo lo contrario, que abusaba mucho del punto y coma. Me vigilaré un poco más.

Otra corrección fraterna. Michael Gavin apunta a que a veces me dejo llevar por la corriente que confunde el hubiera con el habría. En efecto, es una plaga en la lengua actual. En mi caso la confusión procede de mi adolescencia en San Sebastián, donde el habla popular mezcla esos dos tiempos o modos. Hago un esfuerzo para recordar que el hubiera suele ir con un si condicional. Aun así, me resulta simpática la expresión «si mañana haría buen tiempo» (u otra similar), que a veces dejo caer sin darme cuenta.

Lea también

«Só Elas» en su V Aniversario

Julia M.ª Dopico Vale En abril de 2019 se presentaba ante el público ferrolano la …