La realidad de la lengua es divertida

Amando de MiguelAmando de Miguel

Supongo que para los escolares la asignatura de Lengua resulta un tanto pesada, pero, cuando no hay que hacer exámenes, la lengua es cosa divertida. Son muchas las notas que me llegan en apoyo de mi tesis.

No cito su nombre, pero un fiel libertario me dice que no es «partidario de las descalificaciones ab Homo». Se refiere a Blesa, pero no logro saber qué es eso de ab Homo. Supongo que habrá querido decir ad hóminem, esto, referido a la conducta de un individuo. Pero los casos judiciales son todos ad hóminem, pues solo delinquen las personas, no los grupos.

Juan A. Fernández M. se ha entretenido en recoger algunos formularios que tienen que rellenar los conductores en los partes de accidentes de tráfico. Se les pide que describan el hecho de la forma más escueta posible. He aquí algunas de las peregrinas explicaciones:

  • «El otro coche chocó con el mío sin previo aviso de sus intenciones».
  • «Choqué contra un camión estacionado que venía en dirección contraria».
  • «El peatón chocó contra mi coche y luego se metió debajo».
  • «Tratando de matar una mosca choqué contra el poste de teléfonos».
  • «Para evitar colisionar con el parachoques del coche de delante, atropellé a un peatón».
  • «Un coche invisible que salió de la nada me dio un golpe y desapareció».
  • «Le dije al policía que no estaba herido, pero cuando me quité el sombrero descubrí que tenía fractura de cráneo».
  • «Estaba convencido de que el vejete no llegaría al otro lado de la calzada cuando lo atropellé».
  • «El peatón no sabía en qué dirección correr, así que le pasé por encima».

José Antonio Martínez Pons (a propósito del tuteo político) recuerda que, después de la guerra, el gobernador civil de Baleares empezó siendo «el camarada Plácido Álvarez Buylla». En seguida pasó a ser «excelentísimo señor, camarada…». Al final se quedó en “excelentísimo señor”.

Pablo Barrantes Gordo comenta la frase hecha «los hombres [en el sentido de los varones] no saben hacer dos cosas a la vez» como un desprecio «hembrista«. Si una frase parecida se dirigiera a las mujeres sería «feminista» y, por tanto, socialmente admitida. Por ejemplo, «las mujeres no saben leer un mapa”. Bueno, tampoco hay que tomárselo por la tremenda. Ya que estamos con frases hechas, don Pablo me pregunta por el origen de “atar los perros con longaniza”. Fue un suceso real. A principios del siglo XX, Constantino Rico era un conocido industrial de Candelario (Salamanca), un pueblo famoso por la producción chacinera. Un día, en el obrador, a una empleada se le ocurrió como broma atar a su perrillo con una tira de longaniza para que no se alejara de su dueña. En esto que entró un chiquillo a hacer un mandado y contempló con sorpresa al perrillo sumiso, atado al asiento de la empleada. El chico contó a todo el pueblo que en casa de don Constantino ataban los perros con longaniza. El rumor siguió y la frase quedó hecha para significar las manías de grandeza.

Una última nota. Acabo de ver en mi pueblo este marbete de una tienda de muebles: «Colchones low cost«. Eso es luchar contra la crisis.

 

 

 

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