La noche más kinki vuelve a rodar por Ferrolterra.

La cuarta edición de Kinkis in the Night, organizada por el Vespa Club Ferrol Golfos & Kinkis, llevó este sábado a decenas de aficionados hasta Moeche para disfrutar de una ruta nocturna marcada por las Vespas, la amistad y el patrimonio minero de la comarca
Hay formas de disfrutar de una Vespa y después está la manera de hacerlo de los Golfos & Kinkis. Para este peculiar colectivo ferrolano, una Vespa no es únicamente una motocicleta: «es una excusa perfecta para recorrer carreteras secundarias, descubrir rincones de Ferrolterra, reencontrarse con amigos y, sobre todo, mantener vivo un modo de entender el mundo del scooter clásico».

Este sábado, 5 de septiembre, esa filosofía volvió a ponerse en marcha con la celebración de la cuarta edición de Kinkis in the Night, una de las propuestas más singulares del calendario del Vespa Club Ferrol Golfos & Kinkis.
La cita trasladó nuevamente el ambiente de las pequeñas motos clásicas a las carreteras de la comarca y tuvo en Moeche y la Mina Piquito uno de sus principales protagonistas. La actividad contó con la colaboración del Concello de Moeche y del Xeoparque Mundial de la UNESCO Cabo Ortegal, permitiendo unir dos mundos aparentemente alejados pero que encajan a la perfección: la cultura del motor clásico y el patrimonio industrial y geológico de Ferrolterra.

Una noche para 70 privilegiados
Los organizadores habían limitado la inscripción a 70 participantes, una cifra que da una idea del carácter cuidado y casi familiar de esta ruta. Las plazas estuvieron disponibles entre el 10 y el 30 de agosto y, según la promoción difundida en redes y por medios especializados en el mundo scooter, la convocatoria despertó rápidamente el interés de los aficionados.
El planteamiento era sencillo, pero muy en la línea del club: «coger la Vespa, ponerse en marcha y dejar que la carretera hiciera el resto». Porque si algo caracteriza a Golfos & Kinkis es precisamente esa manera de convertir una ruta en una experiencia. No se trata únicamente de sumar kilómetros, sino de hacer paradas, compartir mesa, conocer lugares y disfrutar de unas máquinas que, en muchos casos, llevan varias décadas recorriendo carreteras.

Y en esta ocasión había además un ingrediente especial: la noche. Con la caída del sol, el sonido de los motores y las luces de las Vespas adquieren otra dimensión. Las carreteras de Ferrolterra se convierten durante unas horas en el escenario perfecto para una caravana en la que las clásicas protagonistas vuelven a demostrar que no necesitan correr para llamar la atención.

De las Vespas a la Mina Piquito
Uno de los grandes atractivos de esta cuarta edición fue la visita guiada a la Mina Piquito, en Moeche. La elección no parece casual. El club ha demostrado en numerosas ocasiones que sus actividades van mucho más allá de reunir motocicletas. Sus rutas sirven también para descubrir y poner en valor el patrimonio de Ferrol y de su comarca.
En esta ocasión, los participantes pudieron acercarse a un antiguo espacio minero gracias a la colaboración del Concello de Moeche y del Xeoparque Mundial de la UNESCO Cabo Ortegal. La organización recomendó expresamente acudir con calzado adecuado para realizar la visita. Así, entre curvas, motores y conversaciones de aficionados, la Kinkis in the Night incorporó también una pequeña lección de historia y patrimonio local.
Es, probablemente, una de las mejores señas de identidad de este tipo de concentraciones: llegar en Vespa a lugares que quizá muchos participantes no visitarían de otra manera.

Bocata, café y espíritu kinki
Y, como en cualquier buena aventura sobre dos ruedas, tampoco faltó la parte gastronómica. La organización había preparado para los participantes bocadillo, bebida, postre y café, además de diferentes recuerdos de la jornada, entre ellos parche, pegatina y chapa conmemorativa, junto a otras sorpresas.
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