«Eucaristía y Caridad» mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol ante la festividad del Corpus Christi

Fot. Galicia Ártabra

Con motivo de la solemnidad del Corpus Christi el obispo de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos,  ha dado a conocer un mensaje dedicado a la»Eucaristía y Caridad».

«En septiembre del año pasado fueron canonizados dos jóvenes que vivieron, en sus cortas vidas, los lazos indisolubles que existen entre la eucaristía y la caridad. Ambas realidades, lo sabemos, son fundamentales en la experiencia cristiana y estos jovenzuelos supieron sintetizar en sus vidas que, una y otra, lejos de correr vías paralelas, se retroalimentan.

Pier Giorgio Frassati nació en 1901 en Italia. Desde los doce años hasta su temprana muerte a los veinticuatro, recibió la comunión diariamente. Sus últimos años fueron un sufrimiento heroico a causa de una poliomelitis que le paralizó y que había contraído precisamente por su contacto directo con los más necesitados. Amigo de los pobres de Turín, a través de la sociedad vicenciana a la que perteneció, le gustaba decir: “Jesús me visita cada mañana en la comunión. Le devuelvo el favor en mi manera pobre, visitando a los pobres”. No se contentaba con dar limosna, sino que se entregaba a sí mismo subiendo carbón y alimentos a las buhardillas de los más humildes. De esta manera, prolongaba la eucaristía en su entrega a los más vulnerables y se encontraba con Cristo tanto en el altar como en el sacramento de los pobres.

El otro joven se llamaba Carlos Acutis. Es un santo de nuestro tiempo (1991-2006) que nos ofrece un testimonio asombroso. Su vida transcurrió en Milán. De padres no practicantes vivió una vida normal, destacando especialmente por su pasión por Internet y las nuevas tecnologías. Murió con quince años de una leucemia. Sus
padres se extrañaron de que, en su funeral, acudieran muchas personas sin hogar, gentes a las que ellos no conocían pero que, sin embargo, habían sido objeto del amor y de la cercanía de Carlos. De hecho, solía comprar con sus ahorros sacos de dormir y mantas para las personas sin hogar, comida y bebidas calientes para los pobres de su barrio. Para Carlos, la comunión que recibía también diariamente, le movía a fijarse en el pobre: no había contradicción entre pasar horas frente a la custodia y caminar por las calles de Milán buscando a quién ayudar. Su vida confirmó una de sus frases más célebres: “Cuanto más recibamos la eucaristía más nos haremos semejantes a Jesús”.

Ambas experiencias de espiritualidad nos expresan una verdad fundamental que permanece desde los inicios de la Iglesia: el pan que se parte en el altar obliga a partir el pan con el hambriento, empuja a trabajar por la justicia y la fraternidad concreta. La experiencia religiosa no es un sentimiento de bienestar y de emoción autorreferencial: nos saca de nuestra paz aislada y nos lleva a expresar y compartir el amor recibido. Amor recibido y amor ofrecido pertenecen a una misma y única dinámica de fe.

Viene bien recordar estos ejemplos vivos en esta fiesta del Corpus que nos disponemos a celebrar. En esta jornada sacamos a la calle nuestro mayor tesoro: “la eucaristía”. En el pan de la eucaristía Jesús se ha quedado realmente con nosotros para hacer camino. Él es el viático que nos da fuerza y nos protege de nuestras anemias vitales. Adorar la eucaristía y agradecer el don de la eucaristía es el objeto de esta fiesta.

 Pero, junto a este tesoro, los cristianos custodiamos también otro tesoro importante: como dijo san Lorenzo a sus verdugos, también nosotros debemos decir al señalar a los necesitados: “He aquí los tesoros de la Iglesia”. Estos han quedado a nuestro cuidado en la posada de la Iglesia, que se hace samaritana de los excluidos al borde del camino.

Esta vinculación permite hoy celebrar la fiesta de Cáritas, el Día del Amor Fraterno. En la eucaristía encontramos al Amor que se hace manos, proyectos y esperanza en la labor de Cáritas. Quiero expresar mi más profundo agradecimiento y felicitación a toda la familia de Cáritas: voluntariado, agentes,
sacerdotes, participantes, socios y donantes. Que la mesa de la fraternidad que se expresa en cada eucaristía se prolongue en vuestra acción cotidiana. Y que el ejemplo de Frassati y de Acutis nos espolee en los momentos de cansancio para que nuestra caridad sea siempre intensa, alegre y profundamente
evangelizadora.
Vuestro hermano y amigo,

Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferro

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