Xunta, Policía y Armada colaboran en una intervención subacuática para localizar pecios históricos en el Golfo ártabro

Fot. mde. Buceo Armada

El director xeral de Patrimonio Cultural, Ángel Miramontes, ha visitado este miércoles a los participantes en la campaña arqueológica submarina en la que colaboran Xunta, Policía Nacional adscrita a Galicia y Armada, con el fin de localizar pecios históricos en el área del Golfo Ártabro, entre las rías de A Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol.

«Esta es una actuación en la que se pone de manifiesto la importancia de la colaboración institucional para proteger y conservar nuestro legado», ha apuntado el representante de la Consellería de Cultura. En este sentido, Ángel Miramontes ha añadido que Galicia «es un ejemplo por la riqueza y variedad del patrimonio cultural, también del que está bajo el agua».

Los trabajos –en los que participan los técnicos de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural, la Unidad de Buceo de la Armada en Ferrol (UBUFER), el Grupo operativo de actividades subacuáticas (GOAS) de la Unidad de Policía Nacional Adscrita de Galicia y el Servicio de Gardacostas– se centran estos primeros días en la ensenada de Cariño, donde las investigaciones apuntan que podría encontrarse el pecio del Galeón Regazona, uno de los buques de la expedición conocida como Armada Invencible. Se trata de un galeón del año 1588 que destacaba tanto por su tamaño como por su armamento al contar con 32 cañones de bronce.

Además de tratar de localizar este buque, con esta actuación, que estará dirigida por el arqueólogo Cristóbal Nodar, también se pretende llevar a cabo una prospección arqueológica que permita documentar elementos visibles y registrar posibles estructuras mediante fotografía, fotogrametría y dibujo.

El naufragio del Regazona

Aspecto similar al de este galeón español de finales del XVI o inicios del XVII, pintado por Cornelis Verbeeck, debía tener el Regazona. National Gallery of Art, Washington. Foto: ASC.

(Publicado en Muy Interesante por Miguel San Claudio Santa Cruz)-El galeón veneciano Regazona –que debía su nombre a su armador, Jacome Regazon– era uno de los mejores buques de la Armada de 1588. Además de por su tamaño, tripulación escogida y condiciones marineras, destacaba por su armamento de 32 cañones de bronce. De grandes dimensiones, tenía un porte de unos 912 toneles machos. Martín de Bertendona izó en él su bandera de general de la Escuadra de Levante. Esta fuerza la formaban naves mediterráneas y sufrió el mayor porcentaje de pérdidas. De diez buques enviados al Canal, solo dos regresaron a la Península, uno de ellos el Regazona.

Aspecto similar al de este galeón español de finales del XVI o inicios del XVII, pintado por Cornelis Verbeeck, debía tener el Regazona. National Gallery of Art, Washington. Foto: ASC.
Peleó bien contra los ingleses y, tras circunnavegar las islas británicas, llegó a Muros en octubre de 1588. Había perdido casi todo el velamen, así como mucha jarcia. Venía sin las dos anclas grandes, sin el batel principal y con daños estructurales. Aun así y a pesar de las protestas de Bertendona por tener las jarcias y las velas “muy cascadas de las tormentas pasadas”, el Regazona partió de Muros rumbo a La Coruña el 4 de diciembre, pues el marqués de Cerralbo, Capitán General de Galicia, ordenó agrupar todos los buques supervivientes en el puerto de la capital gallega.

Esa noche, entre Munguía y Sisargas, un fuerte viento de oeste-sudoeste se llevó el papahígo mayor, quedando solo con la vela de trinquete, abatiendo hacia las islas. A unos 50 pasos de la costa, en el canal, rodeados de bajos, consiguieron fondear con las anclas en una situación imposible. Todos a bordo querían varar el buque en un arenal cercano para al menos salvar las vidas, pero Bertendona se mantuvo firme y al amanecer ordenó disparar cañonazos de auxilio, contestados por dos pinazas de vizcaínos –probablemente balleneros– desde el inmediato puerto de Malpica.

Los vascos, tras picar las anclas, los tomaron a remolque, pasando entre las islas y el cabo San Adrián, “por donde no se ha visto que aya pasado navío”. En ese momento se levantó viento del oeste-sudoeste, favorable para seguir la navegación, “tan milagrosamente que si los marineros no fueran conocidos creyesemos heran ángeles que avían venido a socorrernos”.

Desde La Coruña se ordenó a las galeras Diana y Princesa dar remolque al galeón, aunque, a juicio de Bertendona mal mandadas, fracasaron en la operación. El galeón hubo de pasar la noche del 7 de diciembre fuera del puerto, con una sola ancla y, aunque se envió otra ancla y una vela, al día siguiente se levantó otro temporal de componente sur que empujaba la nave “hacia las rocas del lado de la ría de Betanzos”.

En ese momento desertan los pilotos que habían traído de Muros, así como el contramaestre y once marineros, dejándolo casi sin brazos para gobernar el buque. Un role del viento hacia el SSE permitió cortar los cables de las dos últimas anclas y gobernar hacia la ría de Ferrol para evitar chocar con las rocas. Allí se vio en apuros, con la costa a sotavento y sin anclas para fondear. Un intento con el anclote del batel fracasó, yéndose el barco irremediablemente hacia la ensenada de Cariño.

Sin recursos para fondear, sin anclas ni hombres suficientes, Bertendona buscó un lugar donde varar de una manera controlada: “Hubimos de encallar en el mejor lugar que se pudo”. Tras la varada, el general ordenó abatir el palo mayor para quitar pesos altos y evitar que el barco se abriese.

Gracias a su pericia, el barco quedó estable, varado, adrizado y estanco, por lo que Bertendona se dirigió por mar a La Coruña, distante siete millas, para tratar con el marqués de Cerralbo las necesidades para el salvamento. Mientras estaban reunidos, llegó noticia de que el galeón se había inundado y dado a una banda. Ya nada se pudo hacer, ni siquiera el desembarco de la artillería mejoró la situación.

Aun así, Bertendona siguió intentando el salvamento del buque. Felipe II mostraba interés en ello por ser un galeón veneciano y “haber de devolverse a esa señoría”, de modo que pronto se pasó a recuperar la artillería, carga y bastimentos. El 18 de diciembre, el marqués informa al rey: “Hasta ahora se le ha ido sacando borrachas y alpargatas, pólvora y vino, y la artillería; faltan todavía dos cañones, mas será seguro el sacarlos”.

Este naufragio fue providencial para la defensa del reino. Los 30 cañones recuperados se desplegaron en el Castillo de San Antón, en La Coruña, desde donde dieron una calurosa bienvenida a la contraofensiva inglesa de Drake y Norrys denominada Contraarmada de 1589.

El buque debía de estar varado en poca profundidad, sobresaliendo del nivel de la marea baja; solo así se explica que se salvara la mayor parte –si no toda– de la artillería y munición, además de los bastimentos y efectos incluso de escaso valor.

El 17 de enero de 1990, buceadores recolectores descubrieron varias piezas de artillería, un ancla y vasijas a la entrada de la ría de Ferrol. Este pecio se identificó con el Regazona, aunque esta adscripción ha quedado descartada en los últimos tiempos. El pecio del galeón veneciano debe encontrarse más cerca de la playa, en fondos más someros que los de Punta Fornelos. Otro pecio descubierto en Punta Barbeira, al oeste de la ensenada de Cariño inmediata al puerto exterior, demostró ser un buque de vela del siglo XIX. Así pues, el Regazona todavía no ha sido hallado.

Bertendona escogió un lugar donde varar el galeón de forma controlada para garantizar su salvamento. La mejor alternativa en aquella costa rocosa y relativamente profunda era la playa de Cariño. Precisamente aquí, en la segunda mitad de los 80, un buceador deportivo localizó una pieza de artillería sobre un fondo de arena. Sería una magnífica noticia localizarlo en ese lugar –tal es nuestra hipótesis–, bajo un fondo arenoso, en un ambiente anaerobio y protegido de la acción mecánica del mar.

 

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