El aprovechamiento de los recursos naturales beneficia a todos los gallegos

Galicia es inmensamente rica en recursos naturales y esa riqueza debe ser uno de los principales motores para impulsar el desarrollo de la comunidad autónoma. Este es el leitmotiv de la Ley de promoción de los beneficios sociales y económicos de los proyectos que utilizan los recursos naturales de Galicia, más conocida como Ley de recursos naturales, y el pilar sobre el que se asienta la nueva estrategia industrial de la Xunta.

Se trata de una normativa moderna y transversal que busca establecer un marco legal sólido para la protección, conservación, ordenación y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales gallegos.

La norma entró en vigor en enero de 2025 y establece que los recursos naturales son una pieza esencial para nuestra economía y que, por tanto, su aprovechamiento debe impactar en el territorio: los beneficios generados tienen que beneficiar a los gallegos y gallegas, tanto -de forma directa- a los habitantes de los núcleos donde se extraen esos recursos, como a la sociedad gallega en general. Es decir, el desarrollo económico de Galicia pasa por aprovechar nuestro viento o nuestra tierra para construir la Galicia del futuro, que tiene todo a su favor para ser más moderna y más próspera.

Una oportunidad para transformar Galicia

Desde esta visión, la Ley de recursos naturales es una oportunidad para transformar Galicia en un modelo europeo de equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad. El espíritu de la ley es ordenador e integrador, facilitando herramientas para que todos los sectores —públicos y privados— contribuyan a un uso racional de los recursos. Uno de sus principios fundamentales es la convicción de que el desarrollo industrial y la protección ambiental no son objetivos opuestos.

Galicia no tiene que elegir  entre naturaleza  o economía

La ley refleja que naturaleza y economía pueden convivir bajo un modelo de innovación, sostenibilidad y corresponsabilidad. Apostar por la conservación del entorno no es un freno al progreso, sino una condición para garantizarlo a largo plazo. La industria, la actividad agro forestal o la generación de energía pueden avanzar en armonía con el medio ambiente, generando empleo y valor añadido sin comprometer la riqueza ecológica del territorio.

 

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