Nuestras gentes-El actor ferrolano Carlos Dapena Fernández, conocido artísticamente como ‘Carlos Torrente’

El intérprete de Ferrol, disfrutó de una prolífica carrera en las tablas, desde sus inicios en los convulsos años sesenta y el histórico montaje de Marat-Sade con Marsillach, hasta su consolidación en el teatro clásico y su paso por los escenarios internacionales.
 
Carlos Dapena Fernández – Foto cedida
El actor ferrolano Carlos Dapena Fernández —conocido artísticamente como Carlos Torrente—, tristemente fallecido en Madrid hace unos pocos días a los 86 años de edad, ha dejado una huella imborrable en la historia del teatro español. En un íntimo repaso por su trayectoria, conducido hace unos años por su hermano José Ignacio Dapena (actual presidente de la asociación cultural NARART), el intérprete desvelaba los hitos, pasiones y anécdotas de una vida dedicada por completo a la interpretación.
 
Del balón al escenario
Aunque de niño su verdadera pasión en el colegio de los Mercedarios de Ferrol era el fútbol, donde ejercía como guardameta, el destino de Carlos cambió al sumarse al grupo local Teatro Estudio. Allí debutó con un pequeño papel en Anna Christie, de Eugene O’Neill, compartiendo escena con su otro hermano, Fernando. Fue el chispazo inicial de una vocación que le llevaría a Barcelona para formarse en el Instituto del Teatro.
 
El hito de Marat-Sade y la censura de 1968
En la ciudad condal, Dapena se integró en el grupo vanguardista «Los Cátaros». Su gran oportunidad llegó cuando el director Adolfo Marsillach lo reclutó junto a otros jóvenes talentos (entre ellos, un novel Josep Maria Pou) para el histórico y provocador montaje de Marat-Sade en el Teatro Español de Madrid.
 
Aquella revolucionaria puesta en escena, con escenografía de Francisco Nieva, se convirtió en un símbolo cultural del antifranquismo. Sin embargo, en enero de 1968, en pleno estado de excepción y tras la muerte del estudiante Enrique Ruano, la obra fue retirada de la cartelera de forma voluntaria por la compañía y el autor, Peter Weiss, como medida de protesta ante la represión política.
 
Tres décadas de éxito clásico e internacional
Tras asentarse en Madrid, Dapena encadenó tres años de contratos en el Teatro Español, adoptando su nombre artístico- Carlos Torrente. A partir de ahí, colaboró con los directores más prestigiosos de la época —como Miguel Narros, Fernando Fernán-Gómez y Ana Mariscal— y compartió escena con leyendas de la interpretación de la talla de Carlos Lemos, Guillermo Marín o Luchi Soto.
 
Con el tiempo, el actor gallego se especializó en el teatro clásico, dando vida a textos de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Shakespeare en casi todos los teatros romanos de la península. Su talento también «saltó el charco«, girando por Alemania, Estados Unidos, Canadá y México, sin olvidar nunca su tierra natal, donde actuó en el emblemático
Teatro Jofre de Ferrol.
 
Carlos «Torrente»- Foto cedida
El broche de oro y el oficio del actor
En el tramo final de su carrera, fundó la compañía «Doblón Teatral» junto a su esposa, Ana Isabel Hernando. Con ella dirigió y protagonizó una adaptación de El Quijote, un personaje con el que confiesa sentir una profunda afinidad personal.
 
Fiel reflejo de la dureza y entrega que exige su profesión, Torrente recuerda con humor su anécdota más extrema: una caída a oscuras desde dos metros de altura en el teatro de Granada mientras interpretaba a un capitán en El alcalde de Zalamea. «Me rompí tres costillas y el tobillo, pero de un salto volví a subir al escenario, terminé la función y luego fui al hospital. ¡Cosas de actores!», concluía con satisfacción tras haber recorrido miles de kilómetros en un oficio «tan hermoso como efímero».

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