Felipe Bello Piñeiro, nació en el O Seixo (Franza, Mugardos) el 20 de marzo de 1886 y fallecido en la misma localidad en diciembre de 1952, fue un pintor gallego.
Personalidad de enorme interés plástico e intelectual, puesto que nada relacionado con la cultura le fue ajeno, y en muchos aspectos influyó decisivamente, como, por ejemplo, en la divulgación de la loza de Sargadelos. Se forma plásticamente en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Ferrol con Eduardo de la Vega y Vicente Díaz. Posteriormente se traslada a Madrid para seguir los cursos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Su inquietud espiritual lo lleva a relacionarse con otros artistas. Cuando apenas tiene 20 años hace amistad con los hermanos Zubiaurre y Solana. Se

relaciona con gallegos notables como Castelao, Asorey, Corral etc., y asiste a tertulias donde destacan Emilia Pardo Bazán, Sotomayor, Lloréns o el arquitecto Antonio Palacios. Comienza su tarea de ilustrador y diseñador gráfico, que tendrá importancia considerable en su obra. En 1912 organiza la primera exposición regional de pintura gallega en Madrid.
Su primera exposición individual fecha de 1913, en Ferrol, donde asienta su interés por el paisaje, con grande éxito de venta, ayudado por Seijo Rubio. En 1917 regresa definitivamente la Galicia, instalándose de nuevo en el Seixo.
A partir de estos años su obra se intensifica, siempre en el mundo del paisaje, y lo da a conocer en ámbitos gallegos de Suramérica. Comparte la pintura con la decoración mural, de
ambiente post impresionista o eminentemente modernista, la base de grafismos exquisitos de inspiración floral, y trabaja en la catalogación completa de Sargadelos, que publica en 1922.
Su trabajo sigue siendo intenso en la ilustración, la decoración y el cuadro de caballete, así como en actividades periodísticas y de investigación histórica y plástica. Su pasión por el paisaje lo lleva a fundar la Sociedad de Amigos del Paisaje Gallego, en 1927, con sede en su parroquia de residencia de la que fue presidente.
La última etapa de su vida es dura y difícil. A pesar de todo pinta constantemente, una amplia serie de nocturnos, hasta su muerte, a la edad de 66 años. Junto con M. F. Barreiro acuñó el nombre de Generación Enferma, en el Segundo Salón ferrolán de pintura gallega.
Su carácter se refleja siempre en su obra, ambiciosa, interesante hasta en su imperfección frecuente. Sus retratos inquietan, sus paisajes son estilizaciones muy idealizadas. Naturalmente, el impresionismo lo influye, aunque busque siempre cierto testimonio documentalista, o se evada hacia modos fantasiosos. El resultado es desigual, pero nunca anódino. Porque hasta el simplemente decorativo tiene valor como investigación o recreación, acercando elementos que van desde el ejercicio geométrico hasta la multiplicación de una misma imagen, como si estuviera vista al bies de un calidoscopio.
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