El gobierno, sobre Rato :»no es un buen ejemplo»

Federico Quevedo-(el confidencial)

La Compañía Telefónica Nacional de España, ahora llamada MoviStar, anunció ayer oficialmente el fichaje del ex presidente de Bankia y exvicepresidente económico del Gobierno de España, Rodrigo Rato, como asesor de la empresa para Latinoamérica y Europa, y lo hace “por su experiencia y trayectoria”. Aunque la compañía no ha dado a conocer la retribución de la que gozará Rodrigo Rato, todo apunta a que su salario dependerá de las dietas que la misma le pague ya que no va a formar parte de la plantilla en nómina de la empresa. Algunos cifran esa cantidad entorno a los 100.000 euros, y hay quienes la elevan considerablemente ya que en este caso puede haber un acuerdo verbal que sitúe esas dietas muy por encima de lo que cobran habitualmente otros miembros del consejo asesor.

No es un buen ejemplo

Pero lo que cobre es lo de menos… La cuestión está en lo que se transmite con un gesto como este. Al poco de conocerse la noticia, un miembro del Gobierno de Mariano Rajoy me decía lo siguiente: “Como ministro solo puedo decirte que esto no es un buen ejemplo, pero como ciudadano tengo que añadir que me avergüenza, que me produce un absoluto sonrojo y que comprendo que los ciudadanos se indignen ante este tipo de noticias… Por mucho que Telefónica sea una compañía privada y esté en su derecho de nombrar a quien le de la gana, hay cosas que son éticamente reprobables”.

Me consta que, en general, al Gobierno le ha sentado muy mal este nombramiento, que viene a empañar todavía más la imagen que la sociedad española tiene de su clase dirigente, a la que considera una privilegiada y de la que está convencida que siempre encuentra un clavo ardiendo al que agarrarse cuando el resto de los ciudadanos del país naufraga en la tormenta de la crisis. Y es que esta es la cuestión de fondo, porqué Telefónica se convierte en una especie de ONG de ricos y poderosos a los que acoge en sus entrañas cuando las cosas les vienen mal dadas. Ahí están los casos de Javier de Paz, el amigo de Zapatero, de Eduardo Zaplana, expresidente de la Comunidad Valenciana y exministro de Trabajo con Aznar…

Y ahí está el caso más sonado, el más escandaloso de todos, el contrato multimillonario con derecho a casa gratis en Estados Unidos de Iñaki Urdangarin, contrato que además la compañía renovó en pleno escándalo por sus negocios en la Agencia Noos, aunque finalmente hubo de revocar por la presión social y mediática. No es improbable que ahora pueda pasar algo parecido. Más allá de que la Justicia determine si Rodrigo Rato es o no culpable de los delitos que el juez le imputa, el hecho de haber protagonizado una de las historias más negras de nuestro sistema financiero y de estar imputado en una causa que se le puede volver muy complicada hace que hoy el ex presidente de Bankia sea a los ojos de la sociedad española uno de los exponentes de las causas de la crisis, uno de esos banqueros sobre los que la ciudadanía descarga toda la indignación que le produce el comportamiento en muchos casos delictivo y en la mayoría inhumano que ha tenido el sistema financiero con sus clientes.

Es verdad que Rato no es el único culpable, ni mucho menos, pero Bankia se ha convertido en el buque insignia de un sistema en descomposición, y le va a ser difícil librarse del San Benito de haber sido el hombre que certificó la quiebra de la cuarta entidad financiera del país, lo cual le ha costado miles de millones de euros en pérdidas a un número incalculable de pequeños accionistas que, en su mayor parte, lo fueron engañados por un modelo de negocio que se fundamentaba en la confianza.

Rato, que tiene en su haber eso que se llamó en su día el milagro económico español y que realmente fue una cabalgada económica a lomos de la burbuja inmobiliaria, atesora en su debe la mala gestión al frente del FMI, primero, y en Bankia, después. El hombre que parecía llamado a ser el salvador de nuestra economía ha conseguido pulverizar su propia imagen y la confianza que en él pudieran tener empresas e instituciones nacionales y extranjeras. Por eso la única que podía salvarle del hundimiento definitivo era la empresa presidida por su amigo César Alierta, a quien el mismo Rato colocó en ese puesto en tiempos del Gobierno de Aznar.

Con todo lo que lleva Rato a sus espaldas, se hace difícil creer que su curriculum pueda servirle a la hora de abrir puertas en Europa o Latinoamérica, y tampoco parece que a estas alturas una multinacional reconocida en todo el mundo como Telefónica necesite los servicios de un grande venido a mucho menos para abrir puertas en ninguna parte. Luego la única explicación es esa, la del favor, la de ese favor del que no gozan los ciudadanos de este país atrapados en la crisis, el desempleo y los recortes, y que hace que cada vez que una noticia de estas aparece en los periódicos crezca la indignación hacia la clase dirigente. Así nos va.

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