La Real Filharmonía de Galicia trae el próximo 13 de noviembre a Ferrol el estreno mundial de Contrafactum, una obra de Josep Planells que dialoga con el maestro español del barroco Joan Cabanilles, junto a una joya de juventud de Rachmaninov (su Concierto para piano Nº 1, a cargo de la joven promesa del teclado Eva Gevorgyan) y la épica Sinfonía Nº 5 de Jean Sibelius.

La Real Filharmonía de Galicia (RFG) protagoniza el viernes 13 el tercer concierto de la 78ª temporada de la Filarmónica Ferrolana, con un concierto que, muy en la línea de las siempre sorprendentes y enriquecedoras propuestas de la orquesta compostelana, subraya el diálogo musical entre distintas épocas, en esta ocasión de manera muy brillante, con el estreno mundial de la obra sinfónica Contrafactum –que da título al programa– del compositor y director español Josep Planells Schiaffino, de cuyo trabajo a la batura de la propia RFG los ferrolanos ya pudieron disfrutar hace dos temporadas.
El concierto, que se celebrará el próximo viernes 13 de noviembre, a las 20h de la tarde, en el Auditorio de Ferrol, será también la carta de presentación de la joven promesa del piano ruso-armenia Eva Gevorgyan, que a sus 22 años ya fue finalista del Concurso Chopin (la más precoz en alcanzar esa cima de su historia) y ha tocado con grandes directores como Valery Gergiev y Vasily Petrenko. Este año es artista residente con la RFG, junto a la que interpretará el Concierto para piano Nº 1 de Rachmaninov, para dar paso, en la segunda parte, a la épica Sinfonía Nº 5 de Jean Sibelius, una de las grandes cumbres del sinfonismo del siglo pasado.
Contrafactum, de Josep Planells (Valencia, 1988), que celebra su estreno mundial de la mano de la RFG en un doble concierto en Santiago y en Ferrol, está construida en cinco movimientos, cada uno inspirado en una pieza para órgano del compositor barroco Joan Baptista Cabanilles (1644-1712).
En un diálogo de más de tres siglos entre ambos compositores valencianos, cada movimiento parte de músicas reconocibles que van siendo llevadas al límite: los rasgos característicos de cada pieza (cambios de registro, retardos, adornos y estructuras de contrapunto) se van intensificando hasta el colapso, en una degradación que afecta al propio tiempo musical, que se fragmenta, dilaga y granula en diferentes capas de complejidad que se van sumando según avanza la obra. Son cinco piezas diferentes en una, pero todas tienen en común el mismo principio: aquello que define cada una de las partes es justo lo que termina por disolverlas.
Tras el estreno, la RFG, bajo el director invitado Jordi Francés, interpretará junto a la pianista Eva Gevorgyan (Moscú, 2004) una deslumbrante obra de juventud de Sergei Rachmaninov (1873-1943), uno de los grandes postrománticos europeos (del que en mayo los ferrolanos podrán disfrutar también de su Sinfonía Nº 1, a cargo en esa ocasión de la Sinfónica de Galicia).
También fue uno de los pianistas más influyentes del siglo XX, autor de varios de los conciertos más difíciles y espectaculares de la Historia (como el Nº 3), aunque con este Primero para piano y orquesta tenemos la presentación en sociedad de un genio de 18 años, que firmó esta obra de gran frescura, voluptuosidad melódica y riqueza armónica cuando aún era estudiante del Conservatorio de Moscú.
Con su sempiterno perfeccionismo y el paso de los años, cuando ya era famoso en todo el mundo por sus conciertos Segundo (1901) y Tercero (1909), Rachmaninov decidió reescribir la obra para mantener toda la frescura y la personalidad de los temas musicales del artista adolescente que fue, pero con la escritura y la madurez del maestro que era entonces, en 1917, cuando hizo una versión mucho más limpia, expresiva y fácil de tocar.
Aquello coincidió con la Revolución bolchevique, así que a las pocas semanas aprovechó una gira por Estocolmo para salir de su país y nunca volvió. Se instaló en Nueva York, donde estrenó la versión definitiva de esta obra el 28 de enero de 1919 en el Carnegie Hall. Ese día entre el público se encontraba también un entusiasta Sergei Prokófiev, otro de los grandes sinfonistas rusos de todos los tiempos, que admiró la obra.
Sobre el público estadounidense, en una carta a su amigo y compositor ruso Alfred J. Swan, el propio Rachmaninov comentó: “cuando digo en América que tocaré el Primer concierto no me protestan, pero puedo ver en sus caras que habrían preferido el Segundo o el Tercero”.
La segunda parte del programa hará sonar en Ferrol una obra monumental, la Sinfonía Nº 5 de Jean Sibelius (1865-1957): una de las grandes cimas del sinfonismo del siglo pasado, y una épica celebración vitalista de la naturaleza y de los paisajes de su Finlandia natal, escrita en 1915, durante uno de los momentos más críticos de la historia de su país, en plena Gran Guerra (al igual que el concierto que acabamos de mencionar de Rachmaninov).
El gobierno de Helsinki le había pedido componer una obra para celebrar públicamente el 50º cumpleaños del compositor, un tesoro nacional viviente para los finlandeses, y el artista estaba trabajando en ello cuando una bandada de cisnes le inspiró su famosísimo Finale.
El propio compositor anotó en su diario el 21 de abril de 1915 que había visto 16 cisnes volando en círculo alrededor de su casa en Ainola (junto al lago Tuusula). “Uno de los grandes acontecimientos de mi vida, ¡Dios mío, qué belleza!”, escribió, y empezó a apuntar “el tema de los cisnes: legato en las tormpas”. Su majestuosidad levanta el vuelo al final de esta Sinfonía mítica, cuya última versión estrenó, dirigida por él mismo, en 1919.
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