Un informe alerta de la baja utilización del transporte público en Galicia y pide una mayor integración de los servicios

El estudio destaca la dependencia del vehículo privado en las zonas rurales y la necesidad de mejorar la conexión entre modos de transporte.

El transporte público representa entre el 3,01% y el 3,54% de los desplazamientos de más de 500 metros realizados en Galicia, según el informe ‘Nova mobilidade en Galicia‘, elaborado por investigadores de la Universidade da Coruña bajo el encargo del Consello Económico e Social de Galicia (CES), que constata una elevada dependencia del vehículo privado, especialmente en las zonas rurales y de menor densidad de población.

El estudio, elaborado por Margarita Novales Ordax y Alfonso Orro Arcay, analiza la movilidad gallega desde una perspectiva interurbana, urbana y metropolitana y aborda también las conexiones de largo recorrido. Se ha presentado este lunes en una mesa redonda en la sede compostelana del CES, donde han participado tanto los autores del estudio como la directora xeral de Mobilidade de la Xunta de Galicia, Judit Fontenla.

El informe destaca que la estructura territorial gallega, caracterizada por la dispersión de la población y la existencia de numerosos núcleos, dificulta la prestación de servicios de transporte público con frecuencias elevadas en las zonas menos pobladas.

Señalan que esta situación es especialmente relevante en áreas con población más envejecida, hogares de menor tamaño y menores rentas, donde existe una mayor dificultad para disponer de vehículo privado y, por tanto, una mayor necesidad de contar con alternativas de transporte público. Frente a las áreas urbanas y metropolitanas, el vehículo privado mantiene un claro predominio en el ámbito rural.

La red de autobús interurbano de la Xunta presenta, no obstante, una elevada cobertura territorial, con casi 27.000 paradas y más de 6.500 rutas analizadas por el estudio. Los autores advierten de que existen zonas sin cobertura, aunque en general se corresponden con parroquias de muy baja densidad de población.

Como respuesta a las dificultades para mantener servicios convencionales en estas zonas, el informe apunta al transporte a demanda y a la combinación del transporte público de uso general con el transporte escolar como soluciones ya implantadas en determinados puntos de Galicia. También plantea que, en el futuro, los vehículos autónomos podrían facilitar servicios a demanda en áreas de baja densidad, aunque advierte de que el envejecimiento de la población puede hacer necesario mantener fórmulas de transporte con acompañamiento.

MÁS INTEGRACIÓN EN LAS ÁREAS URBANAS

En las áreas urbanas y metropolitanas, el principal problema identificado es la falta de integración y coordinación entre los distintos modos y administraciones responsables del transporte.

El autobús urbano depende de los ayuntamientos, el interurbano de la Xunta y el ferrocarril es de titularidad estatal, una distribución que puede traducirse en diferentes sistemas tarifarios, falta de coordinación entre líneas y dificultades para que el usuario perciba el transporte público como un sistema único.

El informe analiza siete áreas urbanas funcionales -Vigo, A Coruña, Santiago de Compostela, Ourense, Ferrol, Pontevedra y Lugo- y subraya que la elevada concentración de desplazamientos en estas zonas hace especialmente importante potenciar el transporte público y la intermodalidad.

En este sentido, los autores consideran que la integración tarifaria, la coordinación entre servicios y una mejor resolución de los intercambios entre modos permitirían avanzar hacia un sistema más sencillo para los usuarios. Entre las soluciones existentes en otras comunidades citan la creación de consorcios o autoridades de transporte metropolitanas.

El estudio también reclama mejorar la conexión mediante transporte público de los parques empresariales y los aeropuertos gallegos. En el primer caso detecta situaciones muy diferentes, desde áreas con numerosas paradas y expediciones hasta otras sin servicio o con frecuencias muy reducidas. En cuanto a los aeropuertos, concluye que las conexiones son «claramente mejorables», tanto con sus respectivas ciudades como con otros municipios gallegos.

Estación de tren de Ferrol. Archivo

EL TREN GANA PESO EN LAS CONEXIONES CON MADRID

El ferrocarril aparece como uno de los modos que ha experimentado un crecimiento significativo tras la pandemia. El informe señala que la demanda de los principales flujos ferroviarios internos creció de forma muy pronunciada entre 2020 y 2023, aunque en 2024 este crecimiento parece haberse prácticamente estancado en la mayoría de las relaciones, con la excepción destacada de A Coruña-Santiago.

En las conexiones con Madrid, el estudio observa una evolución inversa entre avión y ferrocarril. Mientras el conjunto de los aeropuertos gallegos aumentó sus pasajeros entre 2019 y 2024, las conexiones aéreas con Madrid descendieron un 7,97%, desde 2,09 millones hasta 1,92 millones de pasajeros.

Paralelamente, la demanda de la línea de alta velocidad Madrid-Ourense pasó de 260.739 viajeros en 2019 a 701.216 en 2023. Los autores consideran razonable estimar que el ferrocarril está absorbiendo parte de la demanda anteriormente atendida por el avión.

Asimismo, los desplazamientos de largo recorrido representan aproximadamente el 0,6% del total de viajes de más de 500 metros realizados por la población gallega, aunque el informe destaca su importancia para actividades laborales, familiares, de ocio y turismo.

Madrid concentra los principales flujos de larga distancia con Galicia, mientras que también tienen especial relevancia las relaciones con Castilla y León, Asturias y Portugal. El estudio destaca asimismo la importancia de las conexiones por la Cornisa Cantábrica, donde existe una oferta más limitada de transporte público.

El informe concluye que la transformación de la movilidad gallega pasa por reducir la dependencia del vehículo privado, reforzar el transporte público, mejorar la intermodalidad y favorecer los desplazamientos a pie y en bicicleta.

En este contexto, recuerda que la Estratexia Galega de Mobilidade, aprobada en 2024, fija para 2050 objetivos como reducir un 10% la demanda de movilidad, un 15% las distancias recorridas y el 100% de las emisiones derivadas del transporte.

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