España y Ferrol unidos en la celebración del Día de la Fiesta Nacional

 
Archivo. Arriado de bandera en el Palacio de Capitanía de Ferrol| Fot. Galicia Ártabra
 
Lejos de los focos de la Castellana, del asfalto de Madrid y de las tribunas de protocolo, hay otra forma de entender el 12 de octubre. Una forma que no se ve a través de una pantalla de televisión, sino que se respira, se escucha y sabe a salitre. Para Ferrol, el Día de la Fiesta Nacional no es una fecha abstracta en el calendario, es el día en que la ciudad recuerda lo que es, lo que ha sido siempre, y abre de par en par las puertas de su propia casa.
 
Mientras la capital se envuelve en solemnidad institucional, aquí la jornada se convierte más en un reencuentro íntimo entre los vecinos y su ría. No hace falta mirar al cielo esperando grandes desfiles aéreos cuando tienes la oportunidad de pisar las cubiertas grises de la fragata Méndez Núñez o sentir el balanceo de los patrulleros Serviola y Centinela. Esa es nuestra verdadera tribuna, el valor de este día no está sólo en la rigidez de un saludo militar, sino en el brillo de los ojos de un niño ferrolano cuando un marinero, con total naturalidad, le explica cómo se vive y se trabaja en mitad del Atlántico.
 
Para el ferrolano, cruzar la Puerta de la Cortina del histórico Arsenal, recorrer las salas del Museo Naval o pasear por el Cuartel del Tercio del Norte no es hacer turismo. es reconectarse con el paisaje cotidiano que da identidad a nuestras familias. La cultura de Defensa, en Ferrol se traduce en la música que inunda el emblemático teatro Jofre o en la complicidad de ver a la Unidad Cinológica del TERNOR trabajar en nuestras calles, como estos días pasados se mostraban en la plaza de la Constitución para deleite y asombro de los viandantes. 
 
Pero si hay algo que define verdaderamente la perspectiva ferrolana de esta fiesta, es que la solemnidad nunca pasa por encima de la empatía. Así en la Escuela de Especialidades de La Graña (ESENGRA) se echan la cañas al mar en una jornada de pesca solidaria; Porque aquí sabemos que un país se construye cuidando al de al lado, y esas capturas destinadas a la Cocina Económica de Ferrol valen muchísimo más que cualquier discurso oficial.
 
El 12 de octubre en Ferrol es un acto de orgullo compartido. Es la constatación de que la Armada y la sociedad civil no son dos mundos que se encuentran una vez al año, sino una única dotación que comparte el mismo rumbo. Ferrol tiene el alma, las escotillas abiertas y el corazón mirando siempre al mar.
 

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